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La agricultura urbana y la necesidad de organización del pueblo

Mucho se ha hablado de la agricultura urbana, no es algo nuevo, aunque sí necesario. Es una práctica que existe actualmente en muchas partes del mundo, tanto en países en guerra como en las más altas esferas económicas, para algunos potentados es un acto de crecimiento espiritual, para otros es chic, para los naturistas es garantía de alimentos más sanos, por su carácter orgánico, pero aquí en Venezuela fue motivo de burla cuando el presidente Chávez lo planteó.

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No muy lejos de un futuro que se acercaba, casi proféticamente nos rogó que aprendiéramos a producir alimentos en nuestras casas, techos, balcones, materos y plazas, hoy ya en este presente nos vemos en aprietos y nos corresponde dejar de hacer caso omiso a un planteamiento que bien si no podrá cubrir al 100% las necesidades de producción de alimentos que requiere el país, al menos será un aporte importante, no por los volúmenes que se alcancen a producir aunque puedan ser significativos, sino por la capacidad de organización como pueblo y la calidad de conocimientos que podamos adquirir al entender que solo con voluntad y orden podemos cultivar alimentos y aportar a la soberanía alimentaria.

La agricultura urbana no se trata de sembrar simplemente una matica de cilantro o perejil, ni siquiera una de tomates, para el desarrollo de esta práctica se debe organizar, planificar y desarrollar una estrategia que permita definir las necesidades de consumo de ciertos alimentos para que el pueblo pueda saber qué y cómo producirlo, y luego como procesarlo para garantizar alimentos de larga duración.

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Se debe generar una cultura de consumo que enseñe al venezolano a comer lo que produce, a procesar lo que consumirá, y a establecer dinámicas de producción que sean sustentables, no es solo producir por producir, es pensar con mística, inteligencia y visión de futuro un nuevo sistema alimentario que planifique desde la recolección de semillas, el reciclaje de materiales que sirvan para la siembra, el desarrollo de abonos orgánicos y composteros, el seguimiento y supervisión de las siembras, la cosecha, el procesamiento, el envasado, la distribución a través de mercados comunales, y como principal eje de desarrollo de todo lo antes mencionado, la creación de una cultura de consumo que garantice que produzcamos lo que nos vayamos a comer, es decir instruir al pueblo acerca de cómo cocinar y comerse los alimentos de nuestras producciones urbanas.

Ya que la soberanía alimentaria requiere un cambio drástico de los patrones de consumo, pues sembrando lo que sabemos comer actualmente seguiremos siendo esclavos del sistema corporativo mundial, seguiremos siendo importadores de venenos, semillas y culturas impuestas que nos llevan cada vez más a ser dependientes de las pocas empresas en el planeta que producen el 90% de lo que se siembra.

La agricultura urbana hoy es una utopía, una moda pero en el futuro puede ser la llave para abrir la puerta a la libertad que tanto necesita el ser humano para liberarse de la verdadera dictadura corporativa, que nos impone el consumo de unos pocos alimentos y culturas sembradas en nuestras mentes a través de la potente maquinaria mediática que define lo que comeremos, escucharemos, cómo vestiremos y hasta de qué hablaremos.

DesdeLaPlaza.com/Rómulo Hidalgo/COM