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Miss decadencia

Es una fórmula gastada pero que sigue dando muy buenos dividendos para las corporaciones de la “belleza”, léase industrias de la moda, de los cosméticos, del modelaje, de la televisión y, por su puesto, de la estética donde destacan un amplio ramo de negocios, que abarcan desde salones de peluquería, spas y gimnasios, hasta verdaderas carnicerías disfrazadas de centros quirúrgicos donde “hacen” bocas, pechos, traseros, lipos y un largo etcétera a la carta.

Pues sí, los llamados concursos de belleza, tras su velo de inocuidad y su envoltorio esplendoroso, muy al estilo del mundo Disney y su autodenominado “Magic Kingdom”, se han consolidado como el corazón de un portentoso entramado de mergacorporaciones, que mueven anualmente enormes sumas de dinero, al tiempo que con un discurso sensiblero, una estética empalagosa y códigos altamente eficaces posicionan un patrón de belleza a la medida de las necesidades del sistema. Y esto quizás sea lo más importante para las élites que gobiernan el mundo.

En estos certámenes solo tienen cabida mujeres como sacadas de un reino de fantasía. Detrás de cada una de estas damas hay un despliegue impresionante de modistas, estilistas, instructores de modelaje y grandes financistas de marcas relacionadas con la floreciente industria del fashion. La figura de la miss se convierte entonces en una especie de valla publicitaria que vende, marcas, contenidos y un estilo de vida que no tiene absolutamente nada que ver con esa realidad  de carne y hueso, que es sinónimo de tensiones, luchas y contradicciones diarias.

Lo único que cuenta es que esto vende y en la lógica capitalista: si vende es bueno, ya que como diría Maquiavelo el fin justifica los medios. De modo que con su retórica edulcorada y pretendidamente inofensiva el Miss Universo, el Miss Mundo y todos sus derivados, incluyendo por supuesto el Miss Venezuela, permiten mantener en la psique de las masas la más acabada representación del rancio esquema secular de la realeza. Es decir, donde hay reinas, hay reyes y también princesas y príncipes, pero lo más importante existen súbditos y súbditas.

Estos concursos presentan a las participantes como máximas exponentes de parámetros prácticamente inalcanzables de una supuesta belleza, para que miles de millones de mujeres en un mundo globalizado vivan esclavizadas a un molde plástico. Encubierto detrás de la silueta y los trajes “típicos” se vienen andanadas  de prejuicios, estereotipos y tabúes, donde no hay espacio para cánones de belleza más naturales, más cercanos.

Por supuesto, que esto es alimento para dietas draconianas que no son capaces de soportarlas por mucho tiempo ni las propias misses, como fue el caso de la tristemente célebre Alicia Machado, pero el fenómeno también da origen a cientos de miles de intervenciones quirúrgicas en todo el mundo para perfilar narices, agrandar los labios, extraer costillas, succionar cauchitos, rebajar y/o aumentar el busto y también el trasero. En fin, toda esta locura da pie para instalar en el imaginario colectivo unos símbolos de la belleza, donde el protagonismo lo tienen el prototipo de mujer caucásica con su cabello liso y rubio, sus ojos azules, su tez blanca, su estatura mucho mayor a la del promedio y sus formas estilizadas. Es el emblema de la supremacía blanca y su mundo “rubio, con el pelo rubio y los dientes rubios, sin lugar para los tusas”.

Sólo para unas pocas

La también supuestamente inofensiva muñeca Barbie reproduce muy bien esta estética que se incuba en nuestras niñas desde tiernas edades, así como todas las “princesas” del reino mágico del congelado señor Disney. Si nos fijamos bien todo guarda una coherencia perfecta: La gran mayoría de las niñas anhelarán ser barbies, para que en su debido momento las rescate un príncipe azul, pero como no existen una realeza para todos, sólo muy pocas serán las elegidas. En eso precisamente consiste la trampa, en naturalizar la idea de que deben existir élites conformadas por una exclusiva y privilegiada casta.

Pero además, no sólo debemos aceptar como natural que el paraíso está reservado a un puñado de divas, sino que se establece un canon acerca de cómo se deben comportar estas mujeres. Princesas como de porcelana, que tienen vedado ser beligerantes, que no necesitan asumir la lucha por la sobrevivencia de ellas ni de los suyos, que se limitarán a sonreír casi todo el tiempo, para salir bien frente a las cámaras.

Y así como plantea la canción de los Pa’ Matala le “comen” el coco a más de una. Estas dinámicas comunicativas y simbólicas explican porque en la reciente versión de ese bodrio que es el miss universo las mises volvieron a lucir como prefabricadas, dando las mismas respuestas sosas de siempre a preguntas pretendidamente picantes.

Quizás lo que más me llamó la atención de la más reciente edición es que la representante de Haití, quien figuró entre las tres finalistas de una “noche tan linda”, asegurara entre lágrimas que al ser una sobreviviente del devastador terremoto que asoló a esa hermana nación en el año 2010, ella podía estar en 2017 dando continuidad “a sus sueños”, porque la catástrofe la había convertido en una mejor persona.

Es tragicómico escuchar argumentos tan baladíes y repulsivamente individualistas sobre realidades tan dramáticamente hostiles como la de Haití, nación secularmente condenada a la pobreza más atroz por la descarada intervención imperialista de Estados Unidos. Pero así marcha el mundo violento y desigual de hoy en día. Vamos como narcotizados en la “epidemia bobería” que describen los chicos de Buena Fe. Así olvidamos lo esencial y le hacemos el juego a la agenda setting de los medios de comunicación social, ésa que no nos dice qué pensar, pero si nos poner el temario acerca de lo cual vamos a comentar.

Y en esa selección tan mala sólo hay cabida para lo efímero. Y aunque la misma belleza sea algo tan efímero, en este mundo de fantasía de los concursos de misses, dejan correr espesas cortinas de humo para que no veamos el desastre en que se ha convertido una humanidad que esclaviza a niños, mujeres y ancianos a diario. Con sus miles de miles de millones de pobres y hambrientos, con su machismo patriarcal que asesina y mata con especial saña a las propias mujeres.

En fin aunque todos hablarán esta semana del miss universo no pude evitar criticarlo por su chocante decadencia. Dentro de poco se vendrán los Oscar otra ceremonia ritual del decadente capitalismo y tocará también descargarlo.

DesdeLaPlaza.com/Daniel Córdova