El ejemplo de un padre

Por: Randolph Borges

La palabra padre suele emplearse para aquellas personas del sexo masculino que biológicamente se reproduce y tiene descendencia. Una concepción bastante elemental, libre de sentimientos, afectos y por lo tanto, desprendida de un vínculo que vaya más allá de heredar algunos genes y si apetece, un apellido.

Pero la etimología de las palabras es una cosa seria y ha convertido en padres a muchos que para nada pusieron su carga genética en su “descendencia”. Hablamos del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud; del padre del comunismo, Karl Marx; el padre del capitalismo, Adam Smith; o el padre de la Patria, Simón Bolívar. Según la etimología de la palabra, se puede ser padre de una idea, de una teoría, fundador de un oficio/profesión o protector de una Nación.

Tomando en cuenta lo expuesto arriba, un padre no sólo da vida, sino que orienta, guía, instruye y protege a sus descendientes, a sus hijos. Siendo así, tenemos en Hugo Chávez un padre que no sólo nos dejó un pensamiento político, ético y social, sino que se valió de los medios de comunicación para dejar, como padre al fin, un testimonio pedagógico y orientador de cómo llevar a cabo estas ideas.

Desde aquel “por ahora”, Chávez supo de la importancia de los medios de comunicación para llegar al alma del pueblo venezolano. Ya de presidente usó también la radio, la televisión y hasta las redes sociales con el famoso @chavezcandanga. Consciente de la necesidad de la trascendencia de su mensaje, el líder socialista se hizo presente de manera recurrente en los medios para llevar ese mensaje orientador y explicar sus ideas revolucionarias.

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Recurrentemente estuvo presente en el discurso de Chávez su preocupación por el destino de los más pequeños, su solidaridad con los desposeídos, su voluntad de diálogo aún con los sectores que más lo adversaron, su mano firme con los que perdieron el camino y su abrazo profundo para el que pedía redención. ¿No son esas las características que definen a un padre? ¿No es ese amor infinito el que permite orientar, acompañar, castigar y perdonar, el que define a los padres?

Un padre como el tuyo o como el mío. El mismo que nos echa los cuentos de su juventud, el que se divierte contando cómo enamoraba a sus novias o a nuestra madre, el que ríe con los chistes propios, el que canta desafinado pero con ganas, el que se reúne con sus amigos a cambiar el mundo y es muy pana con sus hijos hasta intentando cantar canciones de chamos. Ese es el arañero que nos contó su vida para que cualquiera de nosotros escribiera su biografía, que se despechaba cantando la música de Rocío Dúrcal, el de la risa franca en Cadena Nacional, el que formó su grupo de panas para enderezar nuestra Patria Grande junto  a Evo, Cristina, Néstor, Lula, Dilma, Correa, Ortega y Fidel, el que cantó hasta rap para acercarse a unos chamos que decían que “Chávez es otro beta”.

Un padre amoroso, que nos aconsejaba la lectura de literatura valiosa, que nos consintió demasiado gracias a la bonanza petrolera, que supo negociar para traer la plata a la casa, que nos orientó moralmente contra la corrupción heredada del puntofijismo, aunque, como suele pasar en casa, pocos le hacemos caso a papá.

El legado de Chávez está en libros, video, audios, hemerotecas y páginas web. Con imperfecciones, como cualquier padre las tiene; con desaciertos, como cualquier padre los tiene, pero con una capacidad de amar infinita que le costó su propia vida, una defensa a ultranza de la Patria y la protección permanente de su gente. Todo esto último, sólo lo hace un buen padre.