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Palmeros de Chacao: un ritual religioso para vivirlo

Entre la tradición y la modernidad, se encuentran un puñado de hombres que cada año sin falta se disponen a subir al Ávila para buscar la Palma Real, recordando la tradición del Domingo de Ramos. Un evento popular que relata la llegada de Jesús a Jerusalén, quien fue recibido por el pueblo con la ya mencionada palma.

Este sábado, 21 de marzo se realizará este ritual religioso, a partir de las 10:00 am, la”Bajada de los Palmeros” hará un recorrido desde la entrada de Sabas nieves del Waraira Repano en una actividad que tocará seis puntos hasta llegar a la iglesia San José de Chacao.

A propósito de ello, dejamos a continuación una crónica narrada por Edgar Aguiar, uno de los paramedicos que asistió a los palmeros en el Ávila: 

En principio iba como paramédico. Sin embargo,  los días vividos con los palmeros acarrearon las historias que fueron contadas poco a poco. Pero luego me decidí, por fin, a subir con ellos, buscando responder varias dudas que se tienen sobre los palmeros de Chacao.

Partí con el chaleco lleno de insumos, una mente dispuesta a escuchar, ropa para cubrir el frío, comida enlatada y una mala condición física a la montaña. Lo hice junto con el grupo de palmeros, ‘palmeritos’ (niños entre 6 y 16 años) y el resto de los paramedicos, con el fin de cumplir no solamente la misión de podar la palma y regresar a la ciudad, sino también de enseñar a los más pequeños a respetar y valorar todas las bondades que da la montaña.

Fue una vivencia de cuatro días que se resumen  en sudor, cansancio, aprendizaje y crecimiento personal. Pero los dos primeros no importan, los dos últimas vivieran en mí por siempre.

La emoción podía sentirse en las calles de Pedregal, lugar donde se encuentra la sede principal de la Fundación de los Palmeros de Chacao. Se notaba en los ojos de cada madre el nerviosismo y el orgullo, mientras sus retoños no podían controlar la emoción y la responsabilidad de la misión que implica ser un ‘palmero’.

En años tratando con niños y adultos, jamás había sentido la emoción y alegría por la llegada de un autobús. Claro no era cualquier autobús, este nos llevó hasta nuestra primera parada, el sistema venezolano de teleférico donde todavía pensaba que el trabajo iba a ser rutinario solo con algo más de alegría y festejos.

Sin embargo, todo cambió luego de la llegada al Hotel Humbolt, debido a que tocó hacer una larga caminata de dos horas y media de descenso hacía el campamento de los Venados, por un camino rustico, de los que hacen pedir perdón a las rodillas. En todo el trayecto, la luz de la luna y las estrellas alumbran el sendero, embelleciendo aún más la montaña. Por momentos, te olvidabas de la hora, el hambre, el frio y obviamente la mala condición física recordada en cada paso al descenso.

Para el segundo día, luego de dos horas de caminata entre subidas, bajadas, y hasta arrastrarse, trepar y ensuciarse, llegamos a un sembradío de palmas donde la más pequeña era de 1 metro de altura y la más alta, la calculé en 30 metros de altura.

Todas para un paramédico complicadas de alcanzar, tomando en cuenta que es la primera vez que participo y mis prioridades son otras, pero para los palmeritos, era soplar y hacer botellas. ¿Cómo no sentir la adrenalina de ellos contagiarme y quizá pensar en hacerlo de nuevo como palmero? 

Mientras todos ellos trepaban para podar la Palma Real, pude sentarme a escuchar la primera historia contada por el líder de nuestro grupo “Papa Pui” que respondió a una de mis primeras preguntas.

¿Por qué se reza y se le pide permiso a la montaña?

Nosotros sabemos que la montaña está viva, ella respira y siente tal cual como nosotros. Rezamos para pedirle a Dios que nos proteja de todo lo que nos puede pasar. Aquí uno corre muchos riesgos, es posible resbalar en cualquier bajada o risco, ser picado por una culebra, deshidratarse o perderse. Se le pide permiso porque nosotros no somos de aquí ni estamos invitados.

¿Qué implica ser palmero? 

Muchas personas creen que ser palmero es algo sencillo, que subimos por la montaña y la palma está ahí mismo. Pero no, hoy llevamos dos horas caminando y ahorita es que venimos a encontrar la palma. Los riesgos son incalculables pero gracias a Dios no ha pasado nada en varios años, creo yo que vamos bien acompañados y si no, están ustedes los paramédicos”, dijo entre risas ‘Papa Pui’.

¿Desde hace cuánto eres palmero?

-“Soy palmero desde que nací. Mi papá, mejor conocido como Cañón, era palmero, lastimosamente falleció hace una semana. Es por él que estoy aquí. Todo lo que le estoy transmitiendo a estos niños es lo que él me enseño desde que comenzamos a subir juntos, tenía como 10 años la primera vez que subí, en ese momento aprendías o te quedabas en la casa y bueno, estamos aquí en la montaña”.

Tradición o mito, ¿se debe cumplir?

Casualmente ese mismo día pasaron dos cosas que él comentó: uno de los muchachos que no rezó, ni le pidió permiso a la montaña para entrar y podar la palma, fue el único que se cortó un dedo de la manera más inusual que he visto. Podando la palma con un machete, se cortó sin darse cuenta. La lesión no fue profunda, sin embargo, tuve que hacerle una sutura invisible, esto se hace con un adhesivo de 5 mm con el que le cubrí la herida y mejoró rápidamente.

Luego perdimos nuestro camino por unas dos horas, pero gracias a la experiencia de los palmeros, logramos retomarlo con el  transcurrir el día. Y así llegar ya entrada la tarde al campamento base, donde nos esperaba las lentejas mas sabrosas que había comido en mi vida, no por la cantidad de aliños que tenían, todo lo contrario eran hechas en familia.

El tercer día de poda llegó muy temprano. Eran aproximadamente las seis de la mañana cuando ya el olor del café se colaba por los dormitorios. El cansancio comenzó a mostrarse, y en mi mente, solo pensaba en lo que dije antes de subir: “esto será fácil, solo serán cuatro días en el Ávila viendo las estrellas sin muchas preocupaciones”, ¡Pues no!

Ya con más confianza en el grupo, surgió en mí una interrogante: ¿Por qué todos aquí comen lo mismo, con la misma cantidad y calidad? La verdad esto es algo que me tiene sorprendido. Pregunté al hijo del líder apodado ‘Zamuro’. Todo esto pasó mientras compartíamos lo poco que tenía cada quien en su bolso.

“En esta montaña todos somos hermanos de otra madre, aquí todos nos apoyamos entre todos, podemos tener diferencias y peleas como toda familia pero te aseguro que en la noche comemos del mismo plato dejando atrás los problemas. También evitamos temas que generan discusiones como lo es la política, nosotros cuando estamos en nuestra tradición no somos rojos ni azules, somos palmeros”, respondió.

Como es bien sabido, en toda montaña existen sus secretos y sus espantos, ¿Cuál es el más escuchado o nombrado por ustedes?

-“Hay uno que se llama ‘el Espanto’, es el cuidador de los animales en el Ávila, protege a toda la fauna de los cazadores. Hace ya unos años había un cazador de venados con mucha avaricia, este hombre ya había cazado un venado grande y precioso, cuando estaba bajando la montaña con su presa difícil de cargar, se le presentó otro venado de mayores dimensiones pero mucho más fácil de cazar, el hambre de querer más lo llevo a cazar disparándole repetidas veces. Se dice que gastó 30 balas y cada una daba en el blanco, pero el animal no moría, el hombre en el desespero siguió al venado montaña adentro. Pero sin darse cuenta estaba cayendo en la trampa del Espanto, cuando cayó en sí ya no sabía dónde estaba, ni qué hora era, los rescatistas cuentan que fue encontrado sin la escopeta y sentado en una roca. Luego de eso más nunca volvió a subir.”

Conexión con la montaña y fin de la mágica experiencia

Las abuelas siempre dicen: “Cuando uno se divierte, el tiempo pasa volando”, y así llegó el sábado más rápido de lo que pensaba. La conexión que tenía con la montaña y con ese grupo, hizo que pasara de ser un paramédico más, a ser parte de la familia de Los Palmeros de Chacao, como dicen ellos, un hermano de montaña.

Nunca olvidaré las palabras de uno de los chamos, que por esos días me dijo: “El año que viene no eres paramédico, ya tu eres un palmero igual que nosotros”, palabras que me llenaron.

Los nombres nunca fueron indispensables, todos tenían su sobrenombre, hasta yo. Recién llegado a la montaña fui apodado ‘Linterna Verde’.

Solo queda agradecer a la Fundación Palmeros de Chacao, Fundación Palmeritos de Chacao, Brigada de Operaciones Especiales y Rescate BOER, ‘Papa Pui’, ‘Zamuro’, ‘Pecas’, ‘Ñame’, ‘Ñoño’, ¡Gracias!

DesdeLaPlaza.com/Edgar Aguiar