Desde La plaza » Columnistas » Diálogo desde la acera » Pelea de Marios sin cruz de navajas

Pelea de Marios sin cruz de navajas

Sobre Mario de bruces, tres cruces.
Una en la frente, la que más dolió.
Otra en el pecho, la que le mató-
Y otra… miente en el noticiero
“Cruz de navajas”. Grupo Mecano

 

Hay tantos Marios regados por las aceras. Algunos de bruces. Otros transitan de dignidad e inmortales como el poeta nuestroamericano Mario Benedetti.

Leo el texto de un breve ensayo escrito por el poeta montevideano, titulado La industria del arrepentimiento. Fue publicado originalmente en la página interactiva de la agencia ALAI en su entrega número 192, pero yo lo retomo del libro (recopilación) de Renán Vega Cantor Marx y el siglo XXI. Una defensa de la Historia y del Socialismo.

Dos cosas se me ocurren en el mismo orden en el que las expongo: la primera, imaginar que el poeta, escritor, ensayista y dramaturgo, Mario Benedetti, hubiese escrito ese texto por los arrepentimientos de su tocayo promonarquista y proimperialista (también escritor, por cierto, un novelista nada malo quien hizo fama a la sombra del llamado boom latinoamericano, pero quien luego saltó la talanquera hasta el patio de sus amos, en lo que él debe considerar su “madre patria”). Mario Vargas Llosa.

La otra cosa que se me ocurrió, llena de mucha banalidad, fue imaginar un “duelo” entre Marios donde uno de ellos termina “de bruces” y bajo tres cruces, como la canción que bellamente interpreta una “princesita” de la misma Corona española, en los tiempos del furor del desaparecido Grupo Mecano.

En fin de cuentas, dejando los rodeos y yendo al grano, me coloqué frente al texto de Benedetti sin poder evitar al otro Mario, experuano, quien –sin dudas- entra en la categoría de los fulminados por la industria del arrepentimiento. Claro que el espectro de arrepentidos es más o menos significativo, no se reduce a un período histórico ni a una coyuntura, pero están allí. Como el exnovelista y experuano y como tantas y tantos que se creyeron firmemente eso de que son “clase media” (“Clase media / medio rica / medio culta / entre lo que cree ser y lo que es / media una distancia medio grande”… Poema a la clase media. M. Benedetti).

Mi propósito final, con esta nota, es crear una atmósfera para la lectura. Para la lectura crítica, la reflexión y estas sabrosas conversas desde la acera. Por eso, tomemos algunas de las ideas principales de Mario Benedetti, en el ensayo referido, el cual comienza de esta manera: “Hoy el arrepentimiento (ya no religioso, sino político) se ha convertido en una industria lucrativa. ‘Ahora’, dice Baudrillard, ‘todo el siglo al completo se arrepiente, el arrepentimiento de clase (o de raza) se impone por doquier al orgullo y a la conciencia de clase’”.

Cómo no pensar en el, hace rato arrepentido (de ser peruano, latino y americano) Vargas Llosa, pero también en tantas y tantos otros que, cada vez que viene a Venezuela el exescritor, para invitar a que chavistas dejen de ser tales y a que electores del presidente Maduro, ahora se arrepientan y volteen para –por ejemplo- elegir un poder legislativo derechista y a la medida de esos arrepentidos.

Y en esa gigantesca y mediática “industria del arrepentimiento”, hecha visible de manera crítica por Benedetti, se observa como “abundan los partidos políticos que hacen cola en la ventanilla donde se ficha a los arrepentidos. Al llegar allí, unos entregan la palabra popular, otros depositan el término social o se despojan de su condición cristiana, otros más abdican su atributo socialista, y nunca falta alguno que se desprende, rojo de vergüenza, el rótulo marxista”.

Allí, en esa industria que ha logrado penetrar algunos sectores de la “media” argentina o venezolana, en el caso de nuestro país, pretenden conseguir hasta a quienes aplaudan la aplicación de la “Carta de intención” de la Corte Interamericana, porque “aunque en las intransigentes cartas de intención no se usen términos tan rudos, al Fondo Monetario y otros inexorables no les interesa en absoluto la eliminación de la pobreza, sino la supresión, no importa a qué precios, de la rebeldía de los pobres”.

Triste reto a simbólica “cruz de navajas” que hoy algunos denominan “guerra de cuarta generación” o “no convencional”.

Y, entre tanto, el poeta Mario Benedetti, termina su artículo señalando que “Es cierto que el arrepentimiento se ha convertido en una industria lucrativa. Todos los días nos enteramos de que algún político, algún intelectual, algún politólogo, algún economista y sobre todo algún oportunista concurren al confesionario del Imperio, o a alguna de sus parroquias de moda, con toda su filatelia de pecados. En vez de elaborar el duelo de algún legítimo desencanto, reniegan allí de su pasado solidario, de su faena por causas justas, de su defensa de los derechos humanos, de su asco hacia la tortura. El mundo consumista los recibe con los brazos abiertos, y de paso les roba la billetera. No obstante, los privilegiados del canibalismo económico nunca los admitirán verdaderamente entre los suyos. Saben, como cualquier hijo de vecino, que en el mercado de la deslealtad el arrepentimiento no es la más fiable de las garantías”.

Hora de pensar y de seguir este diálogo desde la acera. Hasta una nueva entrega.

Ilustración: Xulio Formoso