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CHAINATAUN (y IV)

El hotel donde me alojé cuando estuve en Beijing estaba ubicado en el “Barrio Ruso” entonces si ya, para mí, era complicada la barrera idiomática con el chino cantonés, mi segunda opción era el ruso, ¡o sea! De Guatemala pa’ Guatepeor… El poco inglés que sé, ni de vaina lo necesité y obvio, mucho menos el español.

Por suerte, el idioma universal de hacer señas como loca, ¡funciona! Aunque estoy segura que la primera vez que pedí en el restorán del hotel, el mesonero habrá pensado que le estaba diciendo que se robara la tercera base. También en esa calle había anuncios y marquesinas en ruso, muchas rubias y muchas tienditas que vendían mink. Sí, al principio pensé que era como una ardilla gigante, pero qué va, ese negocio era increíble, había de cualquier tamaño y esponjosidad, pasando por  una variedad de colores y no pude dejar de pensar en Cruela De Vil.

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La vida nocturna es muuuuuy animada, los negocios permanecen abiertos hasta altas horas de la noche. Una sola vez fui a rumbear y me llevaron a “Mango”, un local muy tropical con palmeras y cocos en la fachada. Cuando entramos había 4 catires espectaculares que cantaban: “Nossa Nossa asim voče me mata…” Y luego cantaron puras canciones en ruso que despertaban delirios en los presentes, que eran: 6 solteras rubias blanca leche, absolutamente ebrias y 3 chinos que fumaban sin parar. Ah y es mentira que haya sitios para cantar karaoke en cada esquina.

Turismo interno vs. Orgullo nacional

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Si tu un domingo en Caracas te das un paseo por la plaza Bolívar, el Parque del Este o el teleférico, conseguirás puros caraqueños visitando y uno que otro extranjero. Pero si vas a sitios turísticos más emblemáticos del país (Canaima, Gran Sabana, Los Roques, Mérida) va a haber más extranjeros que venezolanos. Aunque ahora ya casi van miti y miti. ¡Estos panas no! Hacen mucho, muchísimo turismo interno y los Palacios, Parques y Monumentos están forrados de guías con una banderita guindando de la cabeza, seguida de 15 chinos tomando fotos y que no te dejan figurar (nunca) para tu retrato ante la estatua. A los extranjeros les dan un audífono pegado a un aparato que te va contando la historia de donde estas (en español gallego). Si llueve no te preocupes, que te encasquetan un impermeable y ¡bórralo! Si no te encuentras con estos grupos inmensos de chinos que toman más fotos que tú, que cruzaste medio planeta pa’ llegar a allá. Es que tienen que repartirse hasta en sitios turísticos porque son muchos chinos juntos.

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Los palacios te dejan con la boca abierta, los espacios tienen dimensiones inmensas, abrumadoras. Me imagino que el personal de servicio en las épocas de las dinastías Ming y Quing, debían pagarles una bola de plata por “pasarle una escobita” a semejante plaza. Las esculturas chinas tienen una historia fascinante y siempre te dejan una moraleja, no es sólo el perro-dragón que cuidará tu hogar, los pequeños detallitos como las pequeñas figuras de animalitos en la puntica de los techos puntiagudos de las casas, significaba el rango que tenía quien habitaba ese hogar. Si era un emperador, entonces tenía una parranda de animalitos en la punta. Algo así como para que supieran que en esa casa vivía el jefe que pawn.

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Pequeñas diferencias

Mientras en estas latitudes los cánones de belleza infringidos por los medios de comunicación y revistas de moda, van por aclararse y estirarse los afrochicharrones, agrandarse la bemba, las tetas y las nalgas, broncearse y blanquearse los dientes, allá no. La parte cosmética y del mundo fashion es  un poco más compleja o sencillamente diferente. Mientras más blanca sea la piel, mejor. No por cuestiones netamente racistas, sino que piensan que la tez clara significa limpieza, pureza, pero sobre todo, porque tienen un clima tan escoñetado, que recibir luz solar puede causar más enfermedades que bronceados caribeños, viven con tapasol o sombrillas de papel, grandes sombreros y camisas manga-larga para protegerse de los rayos UV.

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Se operan los ojos para borrar cualquier vestigio de rasgamiento, de hecho, muchas piden que sean semejantes a los comics que tanto leen, mientras más grandes y redondos, mejor. Los dentistas y odontólogos se harían millonarios allá, porque es bastante costoso hacerse tratamientos para blanquearse los dientes, recuerden que ellos comen con muchas salsas y condimentos, por no mencionar que toman mucho té y café, además de que son fumadores empedernidos en su mayoría, entonces los dientes se les manchan con mayor facilidad. Con el cabello es gracioso por aquello del dicho de: “más raro que chino con afro”, pues será raro, pero allá los tratamientos para hacerse la permanente no distinguen sexo ni edad, las planchas rizadoras de pelo se venden como pan caliente, se decoloran y se tiñen con colores fosforescentes y chillones, creo que de allí me quedó la maña de experimentar con mi cabellera.

Y volver, volver, volver…

Volvería para seguir comiendo cosas raras, paseando en bicicleta y me entretendría tratando de encontrar entre tanta polución y smog las lucecitas de los techos de los rascacielos. Gracias a ustedes por viajar y hacerme recordar este gran viaje que desató tantas envidias y demonios por este lado del charco y que me vinieron a aplicar la acupuntura pero por la espalda cuando llegué. Nadie me quita lo bailao. Volvería para agarrarme a piña con la china pajúa que me gritó tacaña en medio del pasillo del mercado de la seda, volvería a marearme en el ascensor del edificio del canal CCTV al subir rápidamente PISO POR SEGUNDO, volvería para conocer y empaparme de la sabiduría milenaria y la tranquilidad suprema que tuve por allá.

再见