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Cuentos para andar a pie

Mientras esperas que la pantallita indique tu número en el banco o que el odontólogo te atienda, ponte a leer. Cuando consigas milagrosamente un asiento en el Metro o en el tren, abre un libro. Haz el experimento de olvidarte por un ratico del teléfono celular. Deja de jurungar las redes sociales. Que esperen unos minutos los mensajes de texto, los pines, las cadenas por WhatsApp. Atrévete, no va a dolerte.

Para este tipo de trámites administrativos de la vida cotidiana, el tiempo puede ser aprovechado para viajar por el espacio y el tiempo sin tener que dar un paso. Y si necesitas alguna recomendación en particular, puedes optar por Las voces secretas, una compilación de Antonio López Ortega sobre el nuevo cuento venezolano, donde reúne a escritores y escritoras de sello nacional que nacieron entre los 60 y los 70.

“Anita Cortés dibujaba una línea recta hacia el fondo. El movimiento pausado de sus piernas hacía que su cuerpo se desplazara sin esfuerzo, cortando la pesada liviandad del mar. A su alrededor sólo había agua, agua en movimiento, que es espacio líquido y hogar silente para que los peces y los hombres atrevidos naden, hagan proezas y experimenten esa laxitud propia de lo eterno”. Así comienza Roberto Echeto su cuento titulado Medea en Los Cayos.

Un poco antes, Luis Laya nos atrapa con su relato La Oportunidad: “De pronto había perdido todo interés por lo que hacía, por su oficio. Aquel hombre, al que señalaban como un genio incomprendido, impertinente y que divagaba entre frases, repentinamente le pareció un fiasco, un completo llorón y un farsante. La realidad era ésa, tan pesada como un piano: Sería un gran músico, pero le importaba un bledo”.

En La Colmena, Carlos Sandoval nos hace más llevadera la espera entre la manada de peatones: “La del nueve había dicho que la del quince lo vio primero, pero la del seis, siempre mejor informada, alzando la voz desde su puerta dejó claro que el del doce casi lo aplasta y que cuando el grito de la del cuatro algunos ya lo sabían”.

Y así vas, entre 20 autores y autoras puertas adentro, sobreviviendo en más de 300 páginas a las caóticas ciudades tan propias de este mundo fulgurante de apuros, de relojes voladores, de calles repletas, de rostros que atropellan sin disculparse.

Entre espera y espera, entre estación y estación, entre numeritos de banco que en lugar de echar para adelante se van en cuenta regresiva, puedes hacer algo útil con tu vida. Recuerda que los libros son pequeños universos de papel que están allí, agazapados, esperando a ser abiertos.

DesdeLaPlaza.com/Gipsy Gastello

@GipsyGastello