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La gastronomía como producto turístico

Cuando recorremos nuestro país haciendo turismo una de las necesidades que debemos cubrir es la alimentación, entonces llega el momento de entrar a un restaurante, pedimos el menú y nos conseguimos con un estándar, un menú que se replica en cualquier parte del país, por igual, sin distingo de zonas o potencial productivo del entorno, si estás en Margarita, Barinas, Amazonas, Caracas o Mérida el menú será el mismo con apenas unas pocas diferencias.

Básicamente te encontrarás con pechuga de pollo a la plancha, Gordon blue de pollo (Cordon blue), lomito en champiñón, lomito al vino, pastas en sus diferentes y repetidas salsas Nápole, Boloña, Carbonara entre otras, pizzas, pollo a la canasta, club house, esto para nombrar unas pocas opciones, que siempre estarán acompañadas de vegetales salteados, papas al vapor, papas fritas y puré de papas, muy pocas veces uno se consigue algo diferente, pero cuando es diferente sigue siendo un estereotipo, porque termina siendo comida italiana, española, árabe o perro caliente y hamburguesa por montón en las calles.

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Esta extraña manera de ver el servicio turístico es poco atractivo viéndolo desde el punto de vista que una de las cosas que se promocionan en un destino turístico es la cultura propia de dicho lugar, la cultura gastronómica es un medidor que indica la capacidad de ser creativos y el poder que tenemos de aprovechar y destacar lo que somos capaces de producir, de crear y de protegernos a nivel cultural, la gastronomía debe ser un producto turístico.

Veo con preocupación el hecho de que si nos acercamos a cualquier pueblo costero debo terminar comiendo pizza, perros o hamburguesas, que el interés por generar algo autóctono se ha perdido, pero que si voy a cualquier pueblo de la montaña igualmente terminamos encontrando lo mismo, se ha perdido el interés tanto del que produce el turismo como del que lo consume, a uno por ofrecer lo que lo identifica como habitante de un lugar y al otro de buscar lo diferente que pueda conseguir en ese lugar, es un tema no solo de oferta sino de demanda.

Que bonito e interesante sería que en cada región del país la gastronomía pudiera ser un factor de diferencias entre ellas, que parte del atractivo turístico además de los paisajes fuese la comida, que al llegar a un hotel ya uno no estuviera predispuesto a que el menú es igual al de cualquier hotel, y uno solo llegará a comparar si la pechuga rellena de jamón y queso será mejor o peor que en el hotel de la última vez.

Por su puesto que me gusta comerme el perrito de vez en cuando pero, ¿podría haber alguna norma que incentivara a que en las zonas turísticas hubiese un tipo de gastronomía más auténtica? Algo que permita que se desarrolle el potencial productivo y creativo de la zona enfocado en la gastronomía, creo que es hora de desarrollar nuestro país con ideas propias, que mientras que sigamos reproduciendo culturas foráneas en nuestros lugares de interés turístico, el turismo para nosotros no podrá ser aún un productor de divisas tan fuerte como en otras partes del mundo, donde el interés del turista es básicamente ir a ver, dormir y comer diferente, esperando encontrarse con una experiencia única en su vida, digna de contar a sus paisanos al regresar a casa.

El turismo también es gastronomía, la gastronomía también es turismo, así que los menús repetidos, estereotipados y basados en lo foráneo nada ayudan a desarrollarnos como destino autentico, con identidad y cultura propias, demostrando la capacidad de explotar nuestro potencial productivo.

 

DesdeLaPlaza.com/ Rómulo Hidalgo