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¿Alma de niño? ¡Siempre!

En nuestro encuentro anterior hablamos del Niño Jesús y de algunas de las cosas que rodean la celebración de su nacimiento, la llegada de nuevos regalos y la transmisión oral de conocimiento que nos permite seguir dándole vida a esta tradición. Pero aunque es el pequeño de Belén el centro de atenciones en estas fiestas, hay otras variables que entran en juego en la preservación de la magia navideña.

Los niños de hoy crecen en un mundo con poca o ninguna magia. Todo se lo compramos hecho o pueden conseguirlo de forma muy sencilla y ello en sí mismo no es tan malo si observamos que uno de los anhelos de la humanidad, es tener una vida más fácil. Aun así, hay situaciones muy especiales que muchos de nosotros hemos vivido en navidad, y que vale la pena que compartamos con nuestros hijos para que vivan más allá del mundo virtual.

Una de las primeras cosas que debemos hacer es reducir el estrés que nos agobia en estos días. Sí, sabemos que con la situación actual del país está muy difícil evitar el estrés, pero debemos hacer un alto para evitar que esa sensación llegue hasta nuestros hijos. Los niños son seres sensibles que perciben mucho más que los adultos, por tanto son más susceptibles de responder negativamente al ser expuestos a situaciones estresantes. Ello puede conducir a que se alteren sus formas de llamar la atención, que presenten problemas de conducta, de relacionamiento o en muchos casos, que se aceleren las alergias, fiebres o malestares estomacales.

Segundo y no menos importante: háblales claro. La plata no es que abunde por estos días de crisis, por tanto es preciso que los chamos entiendan que no estamos como para botar la casa por la ventana. Si partimos del verdadero espíritu de la Navidad, debemos ir por la calle contraria del consumismo desenfrenado. Enseñemos el valor de un regalo hecho con nuestras propias manos, de un detalle que sirve para hacer saber a una persona, que se le quiere y recuerda.

Recupera la comunicación con los niños. Háblales sobre el significado de la navidad para la familia, cuéntale cómo eran tus navidades con tus hermanos y primos, cuáles eran los regalos que te traía el Niño Jesús y qué hacías para esperarlos. A tus hijos pequeños les fascinará descubrir cómo eran sus padres cuando eran niños. Aprovecha la ocasión para leer cuentos, historias y leyendas apropiadas para las fechas. Trata que los chamos le bajen doscientos a los juegos de video y la TV, enséñales que estas fiestas son de la familia.

Pasea con ellos. Los paseos no deben ser siempre una excusa para gastar. Por estas fechas las ciudades se llenan de adornos, pesebres, actividades culturales y atractivos visuales que inspiran alegría navideña.

¿Recuerdas la gaita de “La tarjeta de navidad”? Yo también, pero esa tradición está casi extinta. Recuerdo que mi abuela forraba la parte trasera de la puerta de su casa con las tarjetas que familiares, amigos y vecinos le regalaban. Ella las colocaba en forma de arbolito y una de mis diversiones era leer lo que unos y otros le escribían a mis familiares. Era una forma de reconocerlos un poco a cada uno de ellos. Pues, tratemos de recuperar esa tradición de regalar tarjetas navideñas, así las tengamos que pintar a mano.

Invítalos a formar parte del equipo de cocina para preparar los banquetes navideños. Esos recuerdos de la infancia son difíciles de borrar cuando están repletos de olores, texturas y sabores de la navidad casera.

La llegada del Niño Jesús, por más modesto que sea su obsequio, debe ser un hecho mágico. Usa talco, escarcha, huellas en un caminito, galletitas mordidas o una carta de respuesta. En la víspera, prueba cantar aguinaldos y villancicos. Si no te los sabes, apréndelos con ellos.

Para los que hemos vivido algunas navidades, la celebración a veces puede tornarse monótona o repetitiva. Esto ocurre cuando la magia se ha ido de nuestra forma de celebrar. No abandones al niño interno que disfrutó aquellas fiestas que tan lindos recuerdos te dejó, porque ahora eres tú el encargado de plasmar en la vida de tus hijos unas navidades memorables.