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Pasajeros (2016) El futuro todavía no llega

En algunas  ocasiones, las películas brindan las herramientas para que puedas cuestionarlas. En esos casos, acceder a las pruebas de sus despropósitos es muy sencillo, sólo tienes que fijarte bien en los elementos que las conforman. Debes ser detallista y analizar las fisuras de su discurso. Pasajeros es una de esas cintas que expone sus inconsistencias y que es en sí misma un mapa de sus desaciertos.

La película protagonizada por Chris Pratt y Jennifer Lawrence intenta ser una disertación filosófica, una comedia romántica y un drama de ciencia ficción y digo que lo intenta porque no llega a ser ninguna de las tres cosas. Parece arrepentirse de sus propias intenciones cuando comienza a profundizar en algo y no hay nada peor –en la vida y en el cine- que la superficialidad, la ligereza. Nadie ha llegado a nada haciendo las cosas a medias y quizás por eso este filme dirigido por Morten Tyldum no despega ni emociona o conmueve en modo alguno.

Desde que comienza la película, las situaciones se exponen intentando generar en el espectador una conmoción que si bien tiene efecto, se diluye muy rápido. Se deshace muy rápido, porque mientras avanza, la cinta se dedica a negar lo que ya te ha contado.

Cuando estas entendiendo un poco lo que significaría quedarse varado literalmente en el espacio sin la posibilidad de construir una existencia “real” llena de metas, afectos, éxitos, viajes, familia, naturaleza, de pronto las vidas de Jim (Chris Pratt) y Aurora (Jennifer Lawrence) caen en contradicciones que derrumban las posibilidades de la película.

En el futuro dos personas se encuentran perdidas en el espacio, en un viaje que parece no tendrá fin y que cambia sus circunstancias para siempre. Con esta interesante premisa arranca “Pasajeros”,  cinta que a pesar de sus geniales efectos y su  espectacular fotografía, termina siendo una experiencia cinematográfica un tanto vacía. Es como si en una escena te contaran algo terrible y en la siguiente te brindaran una coca cola con extra de azúcar.

Se puede entender que las cintas dirigidas al gran público parten de una premisa que dice: “dale a la mayoría lo que desean ver”, sin embargo, no parece muy acertado mezclar géneros para generar una obra que termina asesinando su propia historia.

¿La base de la existencia humana es el amor romántico? ¿Sin sexo, sin amor romántico se puede llevar una existencia completa o acaso es lo único realmente importante para la mayoría de la gente? ¿Encontrar “el amor” es la meta de toda existencia o acaso hay libros que escribir, cuadros que pintar, trabajos que realizar, metas personales que llevar a cabo? ¿Cuán egoísta –o generoso- es el concepto del amor en Occidente? “Pasajeros” propone algunos dilemas  que  obtienen una respuesta vacua, facilona, previsible. Y todo esto, a pesar de que en la película, los personajes, parecen conmocionados y en absoluto desacuerdo con el director, al menos en un principio.

Aparece Laurence Fishburne, quien evoca inevitablemente a su personaje en Matrix, la muy inteligente cinta de ciencia ficción de los hermanos Wachowski.

Luisa Ugueto
@luisauguetol