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El hegemón tiene antifaz de redes sociales

El que la comunicación mundial cuente hoy con la plataforma tecnoelectrónica de la informática, lejos de propiciar el acercamiento lo que hace es profundizar el aislamiento entre los seres humanos.

El gran objetivo del hegemón mundial es la individualización a moléculas, y lo logra -¡oh, aparente contradicción!- mediante la unificación en el mensaje que comunica.

Para el logro de ese objetivo, la tecnología de la informática y sus plataformas monopolizadas por los mismos que concentran en sus pocas manos el capital transnacional, juegan hoy un papel determinante.

También cumplieron su tarea los medios impresos, radioeléctricos, televisivos, cinematográficos, en sus momentos de mayor auge para cada uno.

Es el capitalismo, como relación para la producción en condiciones de explotación, el que descubre y aplica el uso de los medios, de los soportes y transmisores de información e ideas, para construir una hegemonía cada vez más sólida. Cada vez más fuerte y capaz de contribuir a perpetuar la dominación de los explotadores sobre la inmensa masa de humanidad explotada.

Para el logro y consolidación de su objetivo, el hegemón tiene hoy el antifaz de las redes sociales. A través del mismo oculta su mentira, su falsificación o mimetización de la verdad, su acción memoricida.

La historia de los pueblos es borrada de un plumazo, la narrativa o historiografía de la misma es incinerada, desaparecida o bombardeada en las sedes diseñadas para su preservación, como ocurrió en Bagdad en 2003. O, simplemente, se elimina como materia en los pensa escolares -como ocurrió en la Venezuela de comienzos de los 70 o como ocurre hoy en Chile, para citar tan sólo dos ejemplos- para asegurar que las sociedades eliminan su memoria.

El antifaz en el rostro del hegemón es el recurso actual para la credibilidad de sus mentiras. Cada «red social» se convierte en un poderoso y destructivo misil en que el que nadie confía pero ante el que el usuario se siente sumiso por no tener forma de cotejar la veracidad del mensaje que a través del mismo recibe.

Y es que el Internet, como sus predecesores en el soporte y masificación de la comunicación, nació (nacieron) bajo la dominación capitalista. Nació para estar al servicio de la explotación «del hombre por el hombre» y para asegurar la perpetuación de la misma.

Hoy, a la lucha contrahegemónica le crecen refuerzos de multipolaridad -en pensamiento antiimperialista pero también en tecnología- que se observan claramente desde Rusia o China, al oponer resistencia u ofrecer alternativas ante el poderío occidental que tiene Google, Windows o Apple.

Un nuevo (ni tan nuevo) campo de batalla aparece en el desarrollo de la lucha de clases y la planificación imperialista en el dominio mundial. La confrontación simbólica, técnica y también tecnotrónica, entre los imperios no definirá el fin de la lucha de clases ni la superación del capitalismo. Pero, sin dudas que está abierta la diatriba entre verdad y mentira como destino en la comunicación de la humanidad y para la vida.

Ilustración: Iván Lira