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Cuando mi hermano es mi oponente

Muchos de nosotros venimos de aquellas familias numerosas en las que era normal compartir espacio, comida, posesiones  y tiempo de nuestros padres con los hermanos. Pero en la práctica, los hermanos son la primera víctima de nuestro espíritu de competencia y por lo tanto, nuestros rivales naturales más cercanos a quienes disputarles los premios mayores: el amor de mamá y papá, la mejor ración de merienda, el juguete de moda, el cuarto más grande o la mejor ropa en el armario.

Con nuestros hermanos vivimos las primeras competencias serias y también las peleas más acaloradas. Es natural que en estas disputas surjan sentimientos parecidos al rencor, la rabia y la intolerancia, porque de pequeños no sabemos cómo manejar la frustración que nos puede producir ser derrotados por uno de nuestros hermanos.

Todos estos sentimientos son normales siempre y cuando no haya peligro del daño físico, por lo tanto lo más aconsejable es intervenir lo menos posible. Recuerdo que cuando solíamos pelear mis hermanos y yo, mi madre sólo atinaba a decir: “O se quieren o se matan. Si se quieren todos estaremos bien, pero si se matan uno va a la cárcel y el otro al cementerio”.

La contundente frase nos paralizaba, y tal vez por el miedo que ella nos producía, la pelea se daba por terminada. Después de muchos años las duras palabras de mamá me siguen resultando perturbadoras, pero para ella y a los fines que perseguía, fueron efectivas. Hoy en día estamos todos sanos, vivos y nos queremos un montón.

Lo que queremos aportar con ello, es un ejemplo de cómo evitar la intervención directa en las disputas competitivas entre los hermanos, pues muchas veces esa intromisión en los procesos naturales de los hijos, puede afectar a una de las partes y sin querer, acentuar la competencia entre hermanos.

Diferencia entre varones y hembras

Las competencias entre hermanos suelen ser diferentes entre varones y hembras. Los primeros suelen dirimir sus diferencias de manera más agresiva, incluso con golpes. Los varones solemos ser mucho más físicos y de esa manera establecemos algunas de nuestras normas de convivencia con los hermanos.

En el caso de las niñas, el asunto es un poco más complejo, ya que la mayoría de los conflictos están en la cabeza de las pequeñas. Pueden pasar de ser las mejores amigas a ser las rivales más acérrimas en cuestión de minutos, y el motivo de su competencia normalmente es de orden psicológico, es decir, se relaciona con afectos, aspecto físico, gustos, etc.

Regularmente cuando hay hermanos y hermanas, la relación suele ser un poco más relajada porque cada uno tiene su espacio propio en casa, sus posesiones, sus necesidades y deberes específicos y hay menos razones para competir. Eso no quiere decir que no exista competencia entre hermanos de sexos diferentes, pero la relación suele ser más de protección hacia el otro que de rechazo.

En cualquiera de los casos, la labor del padre y la madre, es intervenir lo menos posible en ese proceso. Pero sí debe orientar a sus hijos sobre las bondades de compartir, de ser equitativo y de fomentar la necesidad de acompañar y dejarse acompañar de sus hermanos. Los padres debemos evitar a toda costa estimular esa competencia natural con agentes externos que terminen dañando irreversiblemente las relaciones de sus hijos.

Debemos procurar establecer las reglas de las disputas entre hermanos. Por ejemplo prohibir la agresión física, los insultos y las palabrotas o la burla de sus semejantes. No debemos preocuparnos mucho por quién tuvo la culpa de la pelea, porque a fin de cuentas para pelear se necesitan dos. Para ello establezcamos un proceso de diálogo en el que cada parte gane y aprenda algo del enfrentamiento con su hermano. Seamos los garantes de que el amor reine en casa a pesar de las diferencias naturales que puedan existir.

Después de todo, debemos enseñar que el vínculo que se genera entre los hermanos es una de las más hermosas relaciones humanas. Seguro habrá distanciamientos, conflictos, reproches y situaciones adversas, pero nada que un buen abrazo entre hermanos no pueda curar.

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