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¡Jodidos, pero en Caracas!

Y bueno cuando pensamos que todo podría estar mejor, resultó que ahora la vaina está más jodida.

Coño ya ni charcutería se puede comprar, porque un kilo de queso ronda un poco más de los 150 mil bolívares, el jamón los 250 mil y ni hablar de los huevos, que ahora son más caros que el mismo pollo. La carne está desaparecida e incluso el pollo ahora se ve poco.

Ni hablar de la ropa y el calzado. Un pantalón ronda por el millón de bolívares, una simple franela los 600 mil, un bóxer (interior o calzón) los 500 mil, una pantaleta los 300 mil y un par de zapatos ya ronda los 3 millones de bolívares. ¡Na’ Guevonada! Los carajos que cosen zapatos no habían tenido tanta chamba, ni plata, hasta ahora, porque eso es lo que toca hacer, hasta las cholas hay que remendarlas, porque nuevas oscilan casi los 300 mil, osea, o te compras las cholas o rellenas la arepa, con harina bachaqueada por supuesto.

Sumado a eso, ahora los transportistas hacen lo que se le venga en gana, aumentan el pasaje cuando se le da la gana, cobran diferencia que se le da la gana, cobran recargos como y cuando se le da la gana, trabajan cuando se le da la gana, hacen proyecciones de futuros aumentos cuando se les da la gana y con todo y eso quieren que se les diga “transporte público”, como si no existiera autoridad. Bueno… ¿Hay autoridad?, donde hay autoridad no hay comercio ni transportista que haga lo que se le venga en gana.

A 6 meses de elegir la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a 3 meses de elegir a los gobernadores, y a una semana de elegidos los alcaldes, seguimos en las mismas, con la basura hasta el culo, pariendo para llegar a los lugares de trabajo y a nuestros hogares y rayando hasta el plátano para que la vaina alcance.

¿Ahora qué sigue? ¿Ahora qué es lo que debe esperar el pueblo? Pues bueno así estamos, bien jodidos, pero en Caracas.