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“Lady Bird”: ni única, ni diferente, ni especial

Lady Bird ayudó a Greta Gerwing a conseguir su primera nominación al Óscar

“Lady Bird” tiene sus méritos, pero no es una película inolvidable y mucho menos original. En el 2007, el difunto Anton Yelchin protagonizó la comedia adolescente “Charlie Bartlett” sobre lo complejo que resulta la adolescencia y crear una identidad propia.

Un año después apareció “Nick and Norah’s Infinite Playlist” una cinta sobre música y adolescentes. Al año siguiente se estrenó “Adventureland” protagonizada por  Jesse Eisenberg y Kristen Stewart, una cinta con un tema similar a las anteriores y que usa muy bien sus recursos para hablar de temas manidos de una forma al menos divertida.

En  2016 se estrenó “The Edge of Seventeen” escrita y dirigida por  Kelly Fremon Craig, una película (en mi opinión la mejor de las antes mencionadas) que expone muy bien ese momento en que todavía no eres quien deseas ser y no sabes como todo va a comenzar a cambiar. Retrata la adolescencia como un instante de dudas, confusión y odio por uno mismo donde crees que nada puede salvarte y pasas el tiempo peleándote con el mundo.

Después de todas estas películas llega “Lady Bird” que según algunas críticas es una cinta conmovedora e ingeniosa que retrata como pocas esa parcela de la vida.

No me lo parece.

“Lady Bird” no emociona porque sustenta sus parámetros en un sinfín de clichés que ya han sido explorados en el cine un millón de veces antes. Además su directora, la nominada al Óscar Greta Gerwing, no utiliza técnicas cinematográficas sofisticadas ni innovadoras. Su forma de filmar es correcta, pero no sorprende, más bien en muchos momentos de la película se vuelve reiterativa utilizando motivos e ideas similares para mostrar circunstancias diferentes.

Siendo las actuaciones muy buenas, el argumento de la película no permite que se genere una conexión con los personajes, sobre todo con el encarnado por Saoirse Ronan (Lady Bird) quien parece a ratos demasiado malcriada volviéndose en ocasiones caricaturesca.

La cinta es monótona, cada personaje asume un rol arquetípico: la amiga gordita pero leal, el amigo homosexual que se niega a salir del closet, el novio rockero, la amiga popular y la protagonista rebelde sin causa de cabello rosado. Más forzado imposible.

Decía Roger Ebert que “ninguna buena película es demasiado larga y ninguna película mala es lo suficientemente corta”. Esta cinta de Greta Gerwing termina siendo ni demasiado larga ni suficientemente corta y cuando termina ni eso agradecemos.

 @luisauguetol