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De las fuentes generalmente bien informadas al fake news

Es probable que usted se sorprenda al enterarse de que, al menos, 90 de las 100 informaciones que ha leído recientemente en redes electrónicas y otros medios, generalmente efímeros, son falsas y programadas como “artillería” de ataque invasor imperialista.

Inventar noticias para derribar empresas y también gobiernos, es una práctica bastante generalizada y nada novedosa, pero hay que reconocer que desde cuando surgió la llamada Guerra de IV Generación, la virulencia de tal práctica ha crecido de forma exponencial. En realidad, los medios siempre han mentido, y mucho más,  desde cuando la electrónica y el internet han impreso una velocidad enorme a la batalla de información y contrainformación.

Aquella fórmula “periodística” de “preservar la fuente” para decir cualquier cosa, difamar, exponer al escarnio o –sencillamente- mentir, fue confrontada reiteradas veces desde los argumentos de la ética profesional. Sobre todo cuando medios y redactores con rostros, se exponían al juicio de los tribunales disciplinarios del gremio o a la llamada “justicia ordinaria” en cada país.

Las máscaras de las redes, de la electrónica y el internet han creado un novedoso criptoperiodismo intangible pero perverso, desde donde se dispara a mansalva, se hiere, se mata y no hay culpable directos o se les protege desde los centros de poder imperialista.

En Venezuela, contra Nicolás Maduro se ha disparado a rabiar. Ya se había acudido a la misma práctica contra el Comandante Hugo Chávez, desde el mismo instante cuando aparece en el escenario noticioso el año 1992 y la información oportuna y veraz acerca de la rebelión popular y militar que comandaba aquel Teniente Coronel, paracaidista, brilló por su ausencia. Luego, en todo su Gobierno Constitucional, desde 1999, el fake news sería la característica fundamental de medios locales y agencias noticiosas internacionales, al servicio de los intereses capitalistas y de su “fase superior” como imperialismo. Hoy todavía, francotiradores de la mentira apuntan sus fusiles cargados con proyectiles que inoculan epítetos contra la Revolución Bolivariana y contra el Presidente de la Venezuela soberana, acusándolo de “dictador”, por pronunciar tan solo uno de los más frecuentes. Nicolás Maduro, el primer presidente Chavista, no es el único. Y no es verdad que inventar verdades con noticias falsas sea una práctica desclasada o ausente de la política. Mienten los laboratorios de la guerra mediática, de la IV Generación o como quiera llamársele. Los gobernantes demócratas, esos que presiden Estados soberanos, no alineados con el pensamiento único imperialista, también están en la mira y se les dispara constante, procurando atinar. Estos tienen la tarea de contener al enemigo desde la verdad informativa, no sumándose a la perversa práctica del fake news.

Hay países que han sucumbido ante el asedio. Sus pueblos y sus jefes de Estado si bien no siempre han terminado vencidos, infinidad de veces han sido envueltos en un caos programado para el declive social, económico y político de aquellos Estados con gobiernos que resultan incómodos, “peligrosos” o “amenaza inusual y extraordinaria” al hegemón que controla, planifica y ejecuta sus mentiras como forma de dominio o de cerco  previo a los ataques armados o invasiones dirigidas desde Estados Unidos contra países independientes, soberanos o revolucionarios.

Lo cierto de todo este tema del que estamos dialogando hoy en plena acera, es que no es nada nuevo. Los laboratorios de la mediática acuñan nuevos términos para viejas prácticas. Ahora está en boga la voz gringa de “fake news” pero hasta nuestro Simón Bolívar la padeció y por ello debió crear el Correo del Orinoco, para decir siempre la verdad y defenderla a plenitud. Esa misma sigue siendo ahora nuestra tarea.

Ilustración: Xulio Formoso