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Las hamburguesas de Netflix

No tengo nada en contra de la comida rápida, por el contrario: me gusta. La comida rápida puede ser grandiosa en algunas ocasiones, a pesar de que no es  nutritiva.

Hay películas que son comida rápida. Historias triviales para pasar el rato. Planteamientos intrascendentes y sosos que, como las hamburguesas, en apariencia tienen mucho sabor, pero sus propiedades nutritivas son inexistentes.

La comida rápida hace falta. A veces te aburres de consumir frutas, verduras y alimentos nutritivos. Hace falta el azúcar, la grasa, el sabor hueco de platillos poco nutritivos. ¿Por qué hace falta? Porque da placer. Del mismo modo, hacen falta las cintas ligeras, esas tan frívolas que te impiden tener un solo pensamiento. El cine también debe ser entretenimiento y desconexión.

Sin embargo, todos sabemos lo que le puede pasar al organismo si solamente consumimos comida rápida. No podemos vivir de hamburguesas, tortas, helados y pollo frito.

Las frutas, los vegetales, las verduras  son   necesarias. El cuerpo necesita nutrientes que le permitan  mantener  un óptimo estado de salud.

A la mente y al alma también le hace falta mucho más que películas ligeras o triviales. Necesita consumir cine cuya realización haya implicado un esfuerzo mental.

Netflix, que es una plataforma grandiosa donde hay una oferta variada de películas, últimamente está realizando cintas huecas, sosas, mediocres. Películas con un 1% de ingenio, cuyos planteamientos parecen haber sido escritos pensando en una forma fácil de empatizar con el público. Algunos de sus estrenos parecen un despliegue de producción y un gasto excesivo de dinero, pero una completa falta de coherencia y sentido. Historias sin alma. Tramas huecas. Personajes endebles. Hamburguesas para pasar una tarde de domingo.

¿Por qué cada día parecen aumentar las “hamburguesas” en la plataforma? ¿El afán por vender contenidos rápidamente ha generado que creen ficciones poco elaboradas con el único interés de gustar? Comida rápida audiovisual es lo que abunda y no sólo en Netflix.

Entiendo que más que un arte, en esta época sobre todo, el cine es un negocio y necesita vender. Sin embargo, creo que es importante conservar la calidad. Es necesario innovar, cambiar, ofrecer propuestas creativas y no producidas en serie.

Netflix está realizando un sinfín de películas, mes a mes llueven los estrenos y si bien es cierto que algunas valen mucho la pena. Otras dejan mucho que desear, aburren, cansan con sus argumentos flojos, diálogos similares, situaciones predecibles.

Películas sin alma, lugares comunes, clichés, argumentos manidos, dramas que no hacen llorar y comedias que no dan risa.

A veces me da la impresión de que no mejoran porque el nivel de exigencia es bajo. Las nuevas generaciones parecen aceptar con gusto todo. No sé si  tiene que ver con que no poseen referentes de otro tipo de cine. No tienen punto de comparación para exigir mucho más o quizás la falta de profundidad que caracteriza nuestros tiempos, donde la vida real muchas veces es sustituida por los likes de Instagram, los hace desear consumir comida rápida todo el día.

Particularmente creo que en esta o en cualquier otra época el equilibrio debería ser nuestro objetivo en todas las áreas de la vida. Creo en el equilibrio. La comida rápida está bien mientras no pases todo el día consumiéndola. Hacen falta otras cosas.

Consumo y seguiré consumiendo algunas hamburguesas de Netflix siempre dejando espacio para platillos más sustanciosos, que también, sin duda, se pueden encontrar en esta plataforma.

@luisauguetol

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