Desde La plaza » Columnistas » Las preguntas fundamentales de la vida

Las preguntas fundamentales de la vida

El otro día una amiga preguntó si existían todavía defensores del evolucionismo de Darwin. Pregunta que nos remite a los orígenes de la vida, pregunta que nos lleva a preguntas fundamentales pero olvidadas. Olvidadas porque lo urgente siempre tiene prioridad sobre lo importante. Tratar de sobrevivir en el mundo contemporáneo nos ocupa todo el tiempo. Pero vale la pena recordar dichas preguntas. 

Hace algunos siglos Emanuel Kant formuló cuatro preguntas que, a su entender, el hombre debía tratar de responder. 

¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué es el hombre? La primera la contesta la epistemología, la segundo la metafísica, la tercera la religión y la última pero más importante, la antropología. Según Kant en la última pregunta se resuelven todas las anteriores. 

Pero ¿hace falta que sean estas preguntas filosóficas o puede haber otras preguntas? ¿Nos hacemos otras preguntas? ¿Nos preguntamos para qué estamos en el mundo? ¿Nos preguntamos para qué vivimos? ¿O la lucha cotidiana para sobrevivir en un mundo asalariado nos lleva a no preguntarnos nada y solo trabajar? 

Preguntarnos qué somos, de dónde venimos o si Dios existe son preguntas que no todos se hacen, pero que, llevan a una consecuencia que ni los gobiernos ni los factores de poder quieren, cuestionar el mundo donde vivimos. 

El asombro que hablaba la filosofía lleva a realizar preguntas. Cuando el mundo no nos asombra o sorprende no lo cuestionamos. Si el mundo se mueve únicamente en un versus, ¿cómo podemos cuestionar si solamente nos preocupa ganarle a nuestro ocasional rival?  

Cuestionar lo establecido como verdad indudable es realizar de nuevo todas las preguntas, para muchos es perder el tiempo, para algunos es darnos cuenta que el mundo establecido y como está es un mundo cada vez más inhumano y en donde prevalece la voluntad de poder como único motor, voluntad que hace que el mundo financiero prevalezca sobre todo. 

Cuestionar hasta la propia cuestión también sirve como un inicio de educación. Una educación que no cuestiona no es educación. Como decía Graham Swift en “El país del agua” “La educación no consiste en llenar cabezas vacías, ni que unos profesores flatulentos descarguen bocanadas de aire caliente. De lo que se trata es de la oposición entre profesor y alumno.” 

La oposición es cuestionar, cuestionar es preguntar, preguntar es retomar esos interrogantes que se fueron olvidando por lo urgente pero que no dejaron de ser importantes.