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Los “retos” que cobran vidas inocentes

Cuando éramos niños, los retos más osados eran aquellos de quitarle la pajita del hombro a Fulanito o pasar la rayita que Sutanito marcaba en el piso. Casos realmente heroicos consistían en robarle un beso a una niña o peor, robarle un beso a la noviecita de un amigo. No es que las generaciones anteriores le restaran importancia a la adrenalina que produce batirse en duelo con un oponente, o desafiar a los amigos de turno con una audacia superior a la del resto. El asunto es que entonces había un respeto por la vida, y sin ánimos de sonar como un “dinosaurio”, algo terrible debe haber pasado a la humanidad para que los retos infantiles del siglo XXI, pidan la vida a cambio de “ser popular”.

Mientras vemos cómo la industria del mercadeo y el Internet vacía las mentes de nuestros muchachos, una sociedad de zombis se va levantando de entre las cenizas que sus ancestros esparcimos en la era digital. Niños y niñas cada vez más solos, aislados en un video juego, en una Tablet, un teléfono o un PC. Una soledad avalada por sus padres que muchas veces se muestran incapaces de sostener un diálogo medianamente inteligente con niños de 7 años.

No se trata de aislar a los pequeños de un mundo tecnológicamente sofisticado en el que nacieron. Una generación atrás vivió el salto de lo analógico a lo digital, pero los niños de hoy en día sólo conocen esta forma de comunicación y expresión, donde los ceros y los unos confeccionan un mundo tal vez muy ajeno a quienes los estamos criando.

Pero sí se trata de involucrarse, de ser tan ávidos como ellos buscando las modas, los riesgos y analizando varias posibilidades para tratarlos. ¿De qué nos vale saber que hay un reto llamado “La Ballena azul”, si no sabemos en qué consiste? ¿Cómo atajar los peligros del “Abecedario del diablo” si desconocemos su esencia?

En este trabajo no pretendemos explicar cada uno de los retos (sobre todo porque siempre se inventa uno nuevo), sino alertar a los padres y madres sobre los peligros que los grupitos de WhatsApp, las redes sociales o Internet, pueden llevar a la vida de sus hijos con la tragedia como norma casi inevitable.

Juegos idiotas

Estos retos en su mayoría, ideados por alguna mente digna de ser el Herodes del siglo XXI, están destinados a causar daño físico o psicológico a los niños y adolescentes. Son famosos retos como el del “agua hirviendo”, que consiste en ser grabado arrojándose agua hirviendo en el cuerpo; el del “hielo la sal”, con el cual los tontos que aceptan deben soportar al máximo las quemaduras que deja la mezcla de ambos; el reto del “ahorcado”, que ha dejado víctimas mortales que desafiaron la inteligencia; el reto MOMO, que también ha cobrado muertes en varios países al obedecer las indicaciones de un lunático; o la “fiesta arcoíris”, donde las niñas son invitadas a pintarse los labios y dejar su marca a todos los chicos a los que practiquen el sexo oral, y paremos de contar acá porque hay miles de retos que tal vez mientras lees estas líneas, se están creando.

Una vez más, la labor del padre y la madre, consiste en la conversación constante con los chicos. No importa cuán invasivas lleguen a ser esas charlas, porque ellas pueden evitar una tragedia. Esa moda posmoderna y millenial que consiste en “dejar hacer” a los muchachos, no la compartimos en absoluto. Si la crianza que nos dieron, basada en la disciplina, el acompañamiento, el sermón oportuno y el castigo certero, no hubiera dado frutos, ninguno de nosotros estaría contando esta historia.

Estamos seguros de que cualquier padre preferirá que lo acusen de “intenso” o de “obsesivo” en la crianza, antes que asistir al velorio de un hijo. Mientras formemos a los muchachos desde la conciencia y hagamos robustos sus principios, ningún extraño podrá torcer el rumbo que les dimos. Infórmate, habla con ellos, habla con sus amigos, profesores y allegados. Si dejas a la suerte la vida de tus hijos, seguramente encontrará quien se la arrebate.