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Comienzo

De la muerte le duele no poder hablar después de muerta. Hablar como una salvaje de lo que le viene en gana, de comenzar cuando quiere, de inventarse un día para morir al otro y renacer cuando la hoja de enfrente se abra ardorosa a la palabra. Hablar para decir escribir. No quiere simular la muerte ni una vida profunda. Quiere escribir como el niño quiere la teta. Sin mediocridad. La quiere plena y redonda, cuando la quiere. Toda. Quiere escribir y escribir duele. Quiere doler. Comienza como el año, desértica, crucifija. Comienza como el año a precio de moneda verde y mohosa, escurridiza. Comienza el año y el destete. Doloroso. La muerte le arranca de la boca la o oscura la leche la piel. De la muerte le duelen los vivos los retratos rotos oxidados los retratos en el espejo el espejo en el que está otra. “El que está dentro del espejo siempre podrá declarar que quien está dentro del espejo es el otro” (*). Ella. Yo. Rota. Comienza la herida a ser herida. De nuevo. Una herida que se pare a sí misma. Comienza el año y de la grieta asoma la frente la flor de manzanilla. De la muerte nos duele lo que no se ha dicho. Y quiero decir. Decir que decirlo todo es entramparlo todo, decir que no todo está dicho y que los días se desnudan frente a mi lengua como el corazón de la flor al colibrí. De la muerte no saber nada y querer saberlo todo, el miedo de no poder regresar, la honesta sensación de no querer hacerlo. No es la única mujer que guarda en una caja los poemas para cuando el amor la encuentre, estará meciendo sus cabellos la marea, el mar, y llegará el amor en una ola. Sabrá donde guarda cada palabra el amor. Se sentará sobre ella y hará de sus cabellos el nido, para morir y volver a morir en cada patada que da forma a la mecedora. De la muerte le duele haber besado al amor, porque el mundo sólo se da una vez.  Comienza el año y en las hojas de plátano escribo para ella el color de su muerte: lavanda. De la muerte le duele no poder hablar después de muerta. De la muerte la solidez. Quiere una muerte líquida, que se derrame por el pecho del amante. Una muerte que remonte los techos del pueblo. Muerte bruja. Comienza el año y vuelve sobre mi techo la criatura y su lengua en el espejo. De la muerte esta muerta, su muerte, la suerte. De la muerte, esta vida, el comienzo. Mundia.

Caracas, 11 de enero de 2017

(*) Pablo Fernández, en La sociedad mental.