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Natividad en Carapita

Les voy a contar la historia

(que espero no se repita)

de cómo el Niño Jesús

fue nacido en Carapita.

 

Tengo que hablar, por supuesto,

de una virginidad

que no es referencia al cuerpo,

sino a la ingenuidad.

 

Estoy hablando de María,

una chama que al hablar

daba muestra de su esencia:

Mucho arte, y poco real.

 

Una cantante que entonces

no prosperaba en su vida

y para comer -ingenua-

montó allí una guardería.

 

Cuidaba tantos muchachos

que jamás buscó uno más

¡No le cabían en el rancho

que tenía en La Monserrat!

José, por su parte, era

un hombre que ¡cuán suertudo!

Se casó en su primavera,

y en el otoño fue viudo.

 

Pero de él no hablaremos

sino hasta que comente

lo que ocasionó la historia

que hasta en la Biblia les miente.

 

Porque fue por culpa de Ángel.

Wilkerson Pérez Rondón,

quien llevó un niño a María

…y le dejó un problemón.

 

¡Ojalá que lo devuelva

la gente de migración

pa’ que agarre a su muchacho

y no se pase de guevón!

 

Pues María, tan preocupada,

con traumas estomacales,

no tenía pa’ comprar nada

y mucho menos pañales.

 

Así, José -que era viudo-

la oportunidad tomó…

Tomó al niño y, como pudo,

con María se casó.

 

Pero entonces, la María

(como quien tiene un muchacho)

dijo: ¡José, ponte duro!

¡Y me sacas de este rancho!

 

José empezó, de esta manera,

una peregrinación

que lo llevó hasta Mamera

con tremenda “bendición”.

 

Allá se compró un terreno

(lo mejor que consiguió)

y se compró hasta una mula

con la plata que sobró.

 

Siempre, en la historia oficial,

incluyen también un buey.

Pero eso es imposible:

Era en contra de la ley.

 

Debían tener permiso

de sanidad y el INSAI.

Para evitar ese guiso,

José dijo: ¿Plata? ¡Noay!

 

¡Eso te pasa, María,

por querer ser una estrella!

¡Déjate de esa manía

y métete a buhonera!

 

Fue entonces que, de tal suerte,

llegaron los Reyes Magos:

Comerciantes inconscientes

y distribuidores vagos.

¡Oro, oro, empeño oro!

gritó el tipo más intenso.

El otro -marihuanero-

le dejó solo el incienso.

 

El último casi estafa

con un poquito de mirra.

Yo no vendo eso ni gafa,

yo prefiero vender birras.

 

Y fue así que, desde entonces,

la Navidad es ocasión

de andar del timbo al tambo

y hacer la celebración.

 

Y aunque María le decía:

Ay, José, esto no anda.

Este José respondía:

¡Canta y arma la parranda!

 

Esta es la historia, señores.

La Navidad verdadera.

Lo sé, porque es evidente

que sucedió en mi vereda.

 

Y este fue el nacimiento

del propio Niño Jesús.

Les juro que no les miento:

Así nació este musiú.

Plaza Bolívar de Caracas

10/12/2018

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