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En Netflix: La casa de las flores, Verónica Castro reloaded

La casa de las flores posee una mezcla de géneros y no se acoge a ninguno

La última vez que vi una telenovela con Verónica Castro fue en 1997 cuando trabajó en la producción Pueblo chico, infierno grande junto al actor argentino Juan Soler. Era una novela de época en la que La Vero, como también se le conoce a la actriz mexicana, aparecía en escenas subidas de tono. La historia contaba el romance entre una mujer mayor y un muchacho.  

Esta producción fue una de las últimas de la reina del melodrama en televisión. Pueblo chico, infierno grande, terminó siendo una telenovela poco convencional, con un final inesperado.

En una carrera de más de cuarenta años hay mucho pasado, tanto que es casi imposible resumir. No obstante, si algo podría decirse de los personajes que interpreta Verónica Castro en la ficción es que se caracterizan por representar arquetipos trágicos.

Quizás por eso, que haya regresado a la pantalla con La casa de las flores, una serie que parodia lo mejor (y lo peor) del mundo del melodrama convencional mexicano, no deja de ser una sorpresa y de tener mérito.

Pocos actores a los sesenta años se atreven a cambiar sus paradigmas. Verónica Castro en esta serie demuestra que tiene una vena humorística y una inteligencia peculiar a la hora de interpretar su personaje.

El trabajo realizado por Castro, recuerda a lo que hizo en 1999 Robert De Niro cuando fue capaz de parodiar a sus personajes de gánster más famosos en la genial comedia Analízame.

En esa película, De Niro representa a un gánster con problemas emocionales, mofándose así del arquetipo por excelencia que tuvo en el cine. Algo similar pasa con Castro en La casa de las flores. A veces parece que se mofa del cariz sufrido de sus personajes de antaño.

La serie, que ha tenido una muy buena acogida, divierte sin perder las perspectivas del drama y quizás es precisamente ese juego ambivalente  lo que la hace particularmente interesante a los ojos del público.

Posee una mezcla de géneros y no se acoge a ninguno. A ratos es una comedia, luego un drama o todo al mismo tiempo. El humor negro y la ironía son dos elementos muy presentes en esta producción.

La serie creada por Manolo Caro (La vida inmoral de la pareja ideal 2016, No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, 2013) aborda a través del humor negro un sinfín de temas que sería improbable exponer en una telenovela mexicana promedio. Sin embargo, lo que resulta divertido y atrayente es que lo hace a través de una forma similar a las del melodrama común.

Y es precisamente este aire de renovación, lo que ha permitido a la serie posicionarse como una de las más exitosas de este año. Demostrando, una vez más, que Verónica Castro, es un clásico que no pasa de moda.

@luisauguetol