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No seamos como Sicilia

No categorizaré a Carlos Sicilia como payaso. Tengo enorme respeto por estos seres que desprenden brillantez de los rostros infantiles. Siento una gran satisfacción cuando mi hija comenta entre sus amiguitos, que soy el mejor payaso del mundo. Pero lo de Sicilia, en sus insultos a la ciudadana Sindy Lazo, va más allá de la peor de las payasadas.

De la citada dama, desconozco todo. No sé quién es. No me interesa saberlo. Supe por estos días que ganó un concurso de no sé qué cosa de cocina y que declaró no sé qué más, despertando en el referenciado caballero un alcantarillado de insultos que si no hubiesen tocado el alma política de Venezuela, no habría escrito esta columna. Pero su ignorancia (real o fingida) sobre nuestra realidad como pueblo, me obliga a hacerlo.

La cuestiona por apoyar nuestra Revolución, cosa que hablaría muy bien de ella porque respaldar el humanismo es digno de los seres de buenos sentimientos, pero aprovechando el asunto dice –él-, que nuestra Revolución “destruyó el agro” y que además “tiene a Venezuela en una hambruna”. Allí es donde expreso que Sicilia peca de ignorante, por acción u omisión. Hasta ingenuo, me parece.

Repite como loro lo que difunden nuestros adversarios, sin detenerse a pensar en algo de lo que se percata hasta un niño de nivel preescolar: que nada de cuanto ocurre es producto de un plan concebido para –como asevera-, tener “a Venezuela en una hambruna”.

¿Se habrá preguntado Sicilia en algún momento qué ganaríamos las y los revolucionarios actuando como seres despreciablemente diabólicos? ¿Supone él que las y los revolucionarios nacimos para hacer daño a quienes nos dieron su confianza electoral y más aún a quienes no lo hicieron? ¿Así somos de bárbaros?

Su arremetida contra Sindy Lazo apena, sin duda, pero más ruboriza que a estas alturas no haya averiguado la realidad que subyace en las raíces del momento que vivimos.

La triunfadora gastronómica puede ponerlo en su lugar cuando así guste. Lo que preocupa es quién facilitará algún día su acceso al conocimiento socio-político venezolano y más grave aún, a la sensibilización de su conciencia, inexistente hasta ahora como quedó en evidencia.

¡Chávez vive…la lucha sigue!