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De ferias parques, perros y bicicletas

Crónica emocional de una fiesta de la gente y el libro

 

Nadie me lo contó. Estuve diez días en la Séptima Feria del Libro de Caracas en el Parque Los Caobos. Desde temprano sonaban las hojas de los árboles y el agua de la fuente. Caracas concentraba allí su vitalidad, su alegría y su maravilloso clima. Las cajas iban de un lado a otro, las carruchas llevaban libros y juguetes, los toldos blancos, quizá sin ser la mejor opción arquitectónica, armaban la ruta librera. Justo ahora cuando los debates apuntan a que el libro en papel corre el riesgo de desaparecer, Los Caobos se llena de libros de papel.

En Caracas, al lado de la fuente Venezuela, diez días del mes de agosto han sido dedicados a la palabra, al libro, a la lectura, a los niños, al intercambio de poesía. Me preguntaba una periodista que cuál era la importancia de aquella feria y le respondía que lo más importante era constatar que la ciudad de Caracas era una urbe en pleno trabajo, en plena efervescencia, en pleno trajín hermoso.

Francisco de Miranda llegó a nuestro stand preguntando por sus libros y su flauta. Más atrás venían emocionados los perros callejeros y los caseros y entraban al stand buscando algo y saludando. Simón Bolívar, Luisa Cáceres de Arismendi, los negros libres, los soldados patriotas, todos caminaban entre los niños y las bicicletas. Las bicicletas son el más palpable símbolo de que la ciudad está viva. Alguien dijo al descuido que toda la ciudad debería ser así como la feria. Sin idealizar nada quizá tenga razón.

A un conjunto de caobas, espejos de agua, fuentes históricas y caminerías, no se le puede agregar mucho. Quizá una arquitectura desmontable menos plástica, más ventilada y hasta menos invasiva. Pero ganaron los árboles y los libros, los niños y las bicicletas, y eso será lo que quede en la memoria y en la emoción.

Una feria es una fiesta, y sin desconocer el complicado momento económico por el que estamos atravesando, allí estuvo la feria, la fiesta del libro. Quisiéramos ver más editoriales alternativas, más trueque, más espacios de intercambio sin que el dinero sea el protagonista de la transacción. Nos gustaría ver más despliegue comunicacional alrededor del libro, más espacio en los medios de comunicación, mejores servicios culturales. Siempre hay que exigir más y empujar. Nunca es suficiente y no podemos conformarnos.

Después de la feria queda una resaca de saludos y muchos libros por leer y compartir. También diré que caracas debería ser una feria permanente, y eso hay que hacerlo entre todos.

 

DesdeLaPlaza.com/Oscar Sotillo