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Razones para ver Roma de Alfonso Cuarón

Roma es un relato personal, el de Cuarón, pero también podría ser el de cualquiera de nosotros

No me interesa determinar si Roma, la nueva película de Alfonso Cuarón que ha ganado infinidad de premios y reconocimientos es o no una obra de arte. Después de todo, ese calificativo tiene tantas definiciones como espectadores. Más allá de las denominaciones, la película de Cuarón tiene alma, conmueve. Te toma de la mano, te agita, te da una bofetada y te obliga a reaccionar debido a su lenguaje visual límpido y a su realismo.

La infancia es ese lugar al que acudimos a lo largo de la vida. En ella está todo, lo peor y lo mejor de nosotros. Por eso no es extraño que el director mexicano tomara la decisión de filmar sus recuerdos, los cuales traen consigo la memoria de una época.

La niñez está llena de momentos, de situaciones que después se vuelven significativas, y que más allá de construir un discurso personal sobre lo que termina siendo nuestra vida de adultos, también marca el camino de sociedades enteras.

Las costumbres, las ideas, los conceptos se conforman de generación en generación. Somos lo que hemos sido y también de dónde venimos, gracias a nuestros padres, entorno, calle, ciudad y país.

La sociedad se conforma debido a un cúmulo de pequeñas historias que se llevan a cabo todos los días en el terreno secreto de lo privado.

Estas ideas recorren el filme. La película es un relato sobre lo cotidiano y su importancia.

Roma es una narración personal, la de Cuarón, pero también podría ser la de cualquiera de nosotros. La voz del pasado tiene un eco que  nunca calla. De allí la raíz de la emotividad que expone esta película en blanco y negro sobre la vida de una familia en todos sus matices y colores.

En el filme se habla sobre una realidad: los roles sociales y las relaciones, por un lado cercanas y por otro distantes, entre patrones y empleados dentro de la vida doméstica.

Roma muestra cómo algunas personas generosas y extraordinarias, a pesar de su aparente simpleza, pueden hacernos modificar nuestras percepciones. Gente que quizás nunca tendrán la relevancia para cambiar el mundo, pero son las encargadas de criar a otros seres humanos que tal vez tengan la responsabilidad de hacerlo. En la película esta persona es Cleo, la nana del director mexicano, personaje principal y heroína de la cinta.

Se ha dicho de la película que recrea perfectamente algunas calles y avenidas de Ciudad de México. Sin duda, esto la ayuda a ser mucho más realista. No obstante, aparte de las precisiones técnicas, Roma es una cinta cargada de emociones puras. Sus escenas revelan sentimientos contagiosos que nos permiten ver (y creer) en su narración.

Es una cinta sobre México, pero también es una película universal. El afecto sincero no tiene nacionalidad.

Roma es una historia de amor o más bien muchas, las que convoca al hacernos recordar a las personas importantes de nuestra vida.

La cinta tiene puntos álgidos donde el discurso general cobra más sentido. Pero también en su conjunto existen claves, hay que prestar mucha atención a los detalles. Otro de sus grandes méritos es que sus actuaciones son tan naturales que parecen no haber sido ensayadas ni planificadas.  

La película no cruza la barrera del melodrama, su historia no huele a telenovela. Es por el contrario muy sutil y discreta, sin perder poder ni emocionalidad. Convoca inocencia y generosidad, también amor legítimo, de ese que solamente pueden dar quienes no esperan nada a cambio.

@luisauguetol

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