Cultura gastronómica ¿herencia o forja?

Todo pueblo tiene una marca cultural que lo define y diferencia del resto de los pueblos, lo identifica como único, a eso le llamamos cultura, y se reconoce por sus diferentes maneras de hablar, de comportarse y hasta de comer. Es una herencia, un legado que aunque se va transformando con el pasar de los años, siempre quedan marcas del pasado que hablan de nuestros ancestros, de sus maneras de existir y de su historia.

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La cultura se hereda, pero también se forja, sí, se forja de acuerdo a los intereses del que más poder posea.

Para explicarlo mejor, podemos poner como ejemplo la cultura indígena que fue forjada hasta llevarla a la europeización, apunta de golpes y abusos, a la fuerza, pero también lo podemos demostrar con la cultura que hoy vivimos, que aunque aún quedan residuos de la cultura indígena y vestigios de la cultura antigua europea, ya la cultura global es la predominante, esa que se ha impuesto a punta de guerras y medios de comunicación, esa que ha sido marcada como la historia lo dice, por aquel que más poder posea, en este caso por el poder mundial a través de las grandes transnacionales, que no conoce fronteras, que es la mezcla y resumen de las culturas que más usaron su poder para imponerse.

La gastronomía es una fiel expresión de esta forja. Ya no hay país en el mundo que se pueda decir puro en cuanto a su manera de alimentarse, ya el poder de la globalización se lo ha tragado todo, y si queda alguno libre de ello es porque los medios de comunicación no han penetrado aún y está aislado de toda tecnología, por ello es que aunque mi lucha ha sido siempre por lo venezolano, por lo nuestro, lo autóctono, hoy me declaro resignado a entender que es inevitable el avance de esta penetración cultural, que aun defendiendo lo mío, reconozco que lo mío tiene mucho de todo y que apenas unos pocos rasgos antiguos quedan, que el rescate de lo que ya no es, pasa a ser necedad, que enfrascarse en hacer entender a quien no quiere entender, que lo nuestro debería tener el derecho de existir es ir en contra de la corriente y que genera más frustración que satisfacción.

De aquí en adelante solo queda decir que a lo mejor todavía queda algún chance, no de rescatar lo que ya nadie conoce ni reconoce como cultura venezolana, sino de mantener con vida lo que queda vivo y de avanzar hacia la creación de una nueva cultura venezolana marcada por una variedad de elementos impuestos o residuales que pueden generar un renacer de la venezolanidad, una nueva cocina con identidad nacional que en vez de demostrar resistencia al cambio, vaya con el cambio abriéndose camino y penetrando para quedar en la mente y orgullo del venezolano,porque la cultura así como se hereda, también se forja, saber mezclar lo que hay con lo que hubo para crear lo que habrá, eso sí, al menos que sea de producción nacional, para ver si al menos se impulsa a consumir lo de aquí y dejamos de sufrir por no tener lo de más allá.

DesdeLaPlaza.com/Rómulo Hidalgo