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Dioses o monstruos

Más allá de los pecados íntimos de cualquier creador existe un tema de coherencia, que me hace cuestionar el trabajo de una persona acusada de violación o cualquier otro acto innoble

El escritor español Javier Marías publicó un artículo donde hace referencia a la ola de recriminaciones que les han llovido a directores, productores y actores acusados por delitos sexuales en Hollywood.

En el texto llamado “La vuelta de mi abuela Lola” afirma lo siguiente: “antes de ir a ver una película habrá que contratar a un detective que examine la vida entera de ese cineasta, a ver si podemos dignarnos contemplar su trabajo”.

En su columna, para ejemplificar, Marías refiere que su abuela no veía películas de Chaplin porque el célebre actor se había divorciado en muchas oportunidades: “y desde luego era muy libre de no ir a ver el cine de Chaplin por los motivos que se le antojaran, como cualquier otra persona. Lo insólito es que esta clase de argumentos extraartísticos y pacatos hayan regresado, y que los aduzcan individuos que se tienen por “modernos”, inverosímilmente de izquierdas, educados, aparentemente racionales y hasta críticos profesionales” recalca.

Entiendo el argumento de Marías, sin embargo, pienso que más allá de los pecados íntimos de cualquier creador (que no necesariamente manchan su obra) existe un tema de coherencia, que me hace cuestionar el trabajo de una persona acusada de violación, robo, asesinato o cualquier otro acto innoble.

Es por lo menos chocante saber que alguien capaz de expresar los más bellos sentimientos en una película, como Woody Allen, por ejemplo, fue capaz de violar a una niña.

Si Allen realmente abusó de su hija (que lo ha acusado hasta el hartazgo) como espectador sentiría que me ha mentido, que es una estafa su obra entera.

Un hombre que habla de amor y buenos sentimientos en sus películas (las cuales escribe y dirige) no debería ser capaz de un acto tan innoble como la violación de una menor de edad.

Me pasaría algo similar si veo a la cantante Laura Pausini (quien en toda su carrera ha hablado de paz y amor en las canciones que incluso compone) pegándole a niños, robando o agrediendo a cualquier persona.

No es cuestión de moralina o pacatería, por simple coherencia, no se le puede creer a alguien que en su obra expresa unos valores y en su vida practica otros.

La obra sufre si hay una gran diferencia entre lo que expresa un creador y lo que hace en su día a día.

Entiendo que somos humanos y no somos perfectos, pero si violas mujeres o asesinas niños, antes de hacer películas lindas sobre lo bella que es la vida, mejor ándate a un psiquiatra.

@luisauguetol