El Estado mágico

«Para todo poeta es siempre de mañana en el mundo, y la historia es una noche insomne olvidada.
La historia y el asombro elemental son siempre nuestros primeros comienzos, porque el destino de la poesía es
enamorarse del mundo a pesar de la historia»

Derek Walcott

En los últimos cien años de historia en Venezuela se han vivido una serie de transformaciones sociales y ambientales ligadas al desarrollo de la industria petrolera. El auge y la caída de los precios del petróleo marcaron épocas. Fernando Coronil hizo un análisis, magistral en mi opinión, sobre la relación entre el petróleo y el Estado en Venezuela durante el siglo XX en su libro El Estado mágicoen el que habla de cómo el crecimiento de la empresa petrolera dotó de poderes «mágicos» a nuestros gobernantes y permitió la construcción de grandes obras. El Petro es otra de esas obras.

Me sorprendió cuando escuché sobre los anuncios de su creación. Tenía varios meses discutiendo con amigos las posibilidades que tenía una criptomoneda de ser adoptada por un Estado y lo que podría suceder en ese escenario. Por supuesto, hablamos sobre lo que haría un país como el nuestro con todas sus ventajas y sus adversidades si adoptara una criptomoneda, incluso pensamos en desarrollar una propuesta, pero no lo hicimos, y, entonces, escuchamos sobre el Petro. Mi primera reacción fue de gran entusiasmo, luego moderé mis expectativas y observé con paciencia como se desarrollaba la propuesta.

El Petro, una gran idea

En primera instancia, el Petro se propuso tal como esperaba (por los tiempos de desarrollo y la necesidad de una solución rápida): un token de la plataforma de aplicaciones descentralizadas ethereum, que es como decir el wordpress de las criptomonedas. Sin embargo, las limitaciones de esta propuesta eran evidentes. No sería posible hacer transacciones inmediatas, ya que la plataforma ethereum no puede procesar mas de 11 transacciones por segundo y, al día de hoy, eso se traduce en aproximadamente 30 minutos por validación, sin contar que los millones de venezolanos y venezolanas que se integrarían a la red, con toda seguridad, la colapsarían y eso derivaría en un aumento de las comisiones de transferencia y los tiempos de validación por bloques.

Luego, una vez más sorpresivamente, el proyecto fue modificado y el Petro sería desarrollado con NEM, que es como ethereum sólo que china y menos popular (además de estar más enfocada al sector privado). Nuestro criptoactivo sería minable y podría ser usado en micro transacciones, es decir, pagos inmediatos, ya que, a diferencia de ethereumNEM tiene un protocolo de validación más rápido porque opera de forma centralizada (más adelante haré una entrada sobre los diferentes protocolos de validación y seguridad).

Ahora, tenemos nuevo Petro por tercera ocasión y, esta vez, es una plataforma independiente que opera con el mismo algoritmo que otra criptomoneda conocida en Venezuela: Dash. El más reciente whitepaper explica que será un activo cuyo precio se regirá en función de los precios internacionales de una canasta de commodities (petróleo, oro, hierro y diamante), lo que le dará mayor estabilidad a su valor. Además, tiene características enfocadas en la rapidez de pagos y la privacidad de las transacciones.

El Petro en el mundo

Para la comunidad internacional de usuarios de criptomonedas, el Petro es una cripto, cuando menos, polémica. En marzo del presente año la calificaron de estafa y la constante ola de noticias y opiniones sobre Venezuela genera dudas entre muchos posibles usuarios. Aún así, hay quienes están expectantes por participar del experimento y ver qué sucede. Lo cierto es que al Petro se le ha hecho fama (y ya sabemos lo que se dice de la fama) de ser un criptoactivo diseñado para el lavado de dinero.

El Petro es una idea factible, no se está inventando el agua tibia, este es un caso de pragmatismo. Las criptomonedas permiten movilizar o intercambiar activos y dinero sin tener que recurrir a un tercero, como un banco o gobierno. Para el Estado, representan una manera de desprenderse de la dependencia del dólar y, de esa forma, de la dependencia de las políticas económicas asociadas a él. El maravilloso potencial del Petro yace en que, como moneda oficial, puede llegar a tener un volumen de usuarios y, en consecuencia, de transacciones mayor que el de cualquier otra criptomoneda, incluída el Bitcoin. Construído tal como está propuesto promete liberar a los venezolanos de la necesidad del uso de puntos de venta y plataformas bancarias, así como de las limitaciones en las transferencias y pudiera, también, eliminar la necesidad del uso de efectivo en un mediano plazo.

Por otro lado, entre los puntos negativos está el hecho de que en un año hemos visto 3 propuestas completamente distintas. De ser un proyecto independiente o privado, sería más que suficiente para que perdiera toda su credibilidad, pero por ser un proyecto estatal se ha mantenido. El Petro es un experimento, no hay antecedentes en los que fijarse. Lo que sí está garantizado es que el uso de una criptomoneda de forma masiva y cotidiana nos obligará a todos a tener una mejor educación financiera, expandirá nuestra perspectiva sobre la economía mundial y, con certeza, nos hará menos dependientes, y esa es mi apuesta, mi enamoramiento a pesar de la historia.