¿Entra el FMI en la Batalla de Santa Inés?

Por las respuestas que han publicado algunos medios, que dicen manejar «fuentes generalmente bien informadas», pareciera que sí.

Revisamos algo de nuestra historia reciente: Antes de 1989, Venezuela era uno de los países más sumisos a los mandatos del imperialismo yanqui-sionista. Los gobiernos venezolanos y todos los poderes públicos del país se regían por las órdenes supremacistas del imperio y la «democracia representativa», al calco estadounidense, era la forma consensuada de mantener al pueblo venezolano «contento» como víctima de la explotación.

Para disponer de esa Venezuela de la llamada IV República y, en especial  de sus riquezas naturales (petróleo, oro, bauxita, aluminio) el Fondo Monetario Internacional jugaba un papel articulado, determinante.

El avance mundial del capitalismo en políticas neoliberales, lleva al FMI a ocupar posiciones cada vez más destacadas y a tomar a la «pacífica» y «domesticada» Venezuela, cómo un territorio para sus logros de perpetuación del dominio.

Por eso, llegados a finales de 1988 y con la reelección de Carlos Andrés Pérez para un nuevo período en la Presidencia de la República, el FMI encuentra el campo propicio para la siembra de su «paquete» de medidas neoliberales completamente asfixiantes para los más pobres, mientras los ricos se hacían más ricos.

Lo que no había calculado el poder imperial era la fuerza del magma revolucionario que estremecía las entrañas de la clase trabajadora venezolana. Por eso ante la descarada decisión de aplicar su paquete neoliberal de medidas económicas totalmente impopulares, el proletariado venezolano responde, aquel 27 de febrero de 1989, con aquel «sacudón» que representaría la primera gran derrota mundial para el neoliberalismo y en particular para el FMI.

Por eso, al leer la noticia de la actual solicitud de ayuda que, en medio de la pandemia mundial de Coronavirus, hace Venezuela al FMI, no lleguemos a  conclusiones tan apresuradas y esquemáticas. Sobre todo porque, cómo hemos dicho, nuestro pueblo viene de librar una batalla decisiva contra el FMI, la cual fue seguida como estrategia de distanciamiento y luego de ruptura definitiva, sobre la cual se fundamentaría nuestros Revolución Bolivariana y los gobiernos que, a partir de 1999, inauguran la V República y nuestro camino de independencia definitiva.

A través de nuestro canciller Jorge Arreaza, el Gobierno que preside el camarada Nicolás Maduro acaba de solicitar el «apoyo» del Fondo Monetario Internacional para contribuir a capear la crisis -y sus consecuencias- generada por la pandemia de Coronavirus que también afecta a este país, Venezuela, descaradamente bloqueado por el Imperio yanqui-sionista.

Son cinco mil millones ($ 5.000.000.000,00) de dólares de los contemplados en el fondo de emergencia del FMI, los que requiere el Gobierno venezolano en la actual coyuntura de pandemia que afecta a nuestro pueblo en medio de un voraz bloqueo económico y «sanciones» bajo las cuales se disfraza la guerra multifactorial y unilateral, declarada contra Venezuela, hace ya más de cinco años y que el actual dictador estadounidense, Donald Trump, no ha hecho sino acentuar.

La decisión gubernamental del Gobierno Bolivariano que preside Nicolás Maduro, no creo encierre ambigüedad alguna. Por el contrario, parece evidenciar un desafío legal y sin subterfugios de arrinconar, doblegar y vencer el bloqueo imperial que ahora se inscribe dentro del dramático cuadro de emergencia mundial generado por el Coronvirus.

De aprobarse la solicitud venezolana, es obvio que el FMI estaría reconociendo la legitimidad del Gobierno que encabeza el presidente Maduro, sentando, de ese modo, un indiscutible precedente para organismos similares de créditos internacionales y evidenciando una contradicción inédita entre las órdenes del Departamento del Tesoro y uno de sus organismos más tutelados.

De aprobarse el crédito solicitado por Venezuela en esta coyuntura de emergencia humanitaria y sanitaria, se haría bajo un esquema llamado Servicio de Crédito Rápido y a una tasa de interés de cero, con un período de gracia de cinco años y medio.

Por el contrario, de no aprobarse dicha solicitud, la responsabilidad en la gestión de la crisis por el Coronavirus se vería muy afectada y ratificaría la denunciada culpabilidad del Gobierno estadounidense, del Fondo Monetario Internacional y, en última instancia, de los amos del mundo, en el bloqueo criminal contra Venezuela.

El FMI está obligado, tan sólo por su concordancia con los organismos como la Organización Mundial de la Salud, de aprobar y otorgar ese financiamiento. Venezuela no está obligada a implementar ningún paquete en ese sentido.

Es la misma diplomacia de paz en medio de una guerra internacional de posiciones, como diría el revolucionario italiano Antonio Gramsci, que con protagonismo proletario venezolano, se libra explícitamente desde aquel 27 de febrero 1989.

Al Fondo, al FMI, lo esperamos en el mismo terreno histórico que definió la Batalla de Santa Inés en Venezuela, para verlo hundirse definitivamente en el fondo. Es momento de vencer y juntos venceremos.

Ilustración: Iván Lira