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Estrenos: Eighth Grade (2018)

Eighth Grade es un drama que usa elementos simples para exponer temas complejos e hirientes

La mayoría de la gente le da una importancia extrema a la opinión de su entorno. También a las relaciones que establecen con los demás. Para ser dependiente de la mirada (y el trato) del otro no hace falta ser adolescente. Tal vez  por eso Eighth Grade termina siendo una película fácilmente apreciable para todo tipo de público, aunque en apariencia esté dirigida a los más jóvenes.

La cinta escrita y dirigida por Bo Burnham, puede ser chocante y desagradable al contar la historia de Kayla (Elsie Fisher) una chica callada que prefiere estar “online” que conectada a su realidad. Más que una comedia, Eighth Grade es un drama que usa elementos simples para exponer temas complejos que pueden resultar hirientes.

Si bien es cierto que la película es sobre la adolescencia y el modo en que este momento de la vida está signado por la duda y las inquietudes, el filme bien podría estar protagonizado por adultos. El deseo de encajar y el entusiasmo por el protagonismo que brindan las redes sociales no son exclusivos de los chicos de menos de veinte. Gran cantidad de gente primero “postea” y luego existe.

Algo así es lo que le pasa a Kayla. Ella quiere tener una vida normal, amigos, novio, desea encajar, pero no tiene una idea de cómo lograrlo. Desea formar parte del mundo real, pero es incapaz de vivir en él.

Quizás la corta edad del director, Bo Burnham (solo tiene 28 años) lo ayudó a la hora de mostrar con minuciosidad un fenómeno con el que podemos encontrarnos todos los días: las redes sociales como vitrina. El 2.0 y su importancia dentro del relato cotidiano. Claro que aquí, el director lleva esa premisa a su máxima expresión.

En la película el interés de la protagonista por permanecer conectada contrasta con su minúsculo mundo real, donde la mayoría del tiempo se encuentra sola. Pero en Eighth Grade,  al igual que en la genial cinta Ingrid va al oeste (2017), que reseñé el año pasado por acá, el problema no es la soledad. El conflicto comienza con la mentira y la fuerte dependencia de la mirada de aprobación de los otros. Las redes sociales se han convertido en el vehículo más popular de búsqueda de aprobación. La vitrina donde exponemos nuestra vida subastándola en la búsqueda de seguidores.

En esta cinta, el mundo digital  (y la falta de empatía humana) una vez más es cuestionado mostrando que para que exista la comunicación y las relaciones reales hace falta mucho más que darle “likes” a tus contactos, subir fotos sonriendo y exponer una vida perfecta que quizás esté muy lejos de ser tal cosa.

@luisauguetol