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Igual nos reímos

Tenía rato cambimbeando por todo el edificio buscando a L para comerme sus galletas, tomar té (el café de ella es como una línea de perico y a las ocho y pico no cuadraba) y hablar pajita sabrosa. Cuando por fin la coña me contesta el teléfono me dice que está en la habitación de E, así que le dije que nos veíamos allí. Llegué y habían seis mujeres en ese cuarto, instaladísimas: había torta, galletas, té y fruticas deshidratadas. Ri estaba cumpliendo años así que era una especie de celebreichon.

E me ordenó (¡sí, mi comandanta!) que me sentara; inmediatamente llegaron el té, la torta y las galletas a mis manos y pobrecita yo me tuve que jartar todo, una desgracia. Después de pocos minutos de habladera de paja casual K se volteó y me dijo que había visto en las noticias “la situación de Venezuela”. Antes siquiera de que yo pudiera responder Ro saltó a decir que nada de eso era verdad, que las noticias eran pura mentira y que por eso es que a ella no le gustan las redes. Arrecha la carajita.

En ese cuarto estaban mujeres de Argelia, Botswana, Sur Sudán, Afganistán y Venezuela. Una linda nochecita de jartadera de dulce se convirtió en una discusión interesante y apasionada llena de mucha indignación, ira, tristeza y esperanza. Sobre todo llena de esperanza.

Resulta ser que me enteré ese día que las mismas guachafitas que los gringos y los conglomerados mediáticos le tienen aplicadas a Venezuela, se las aplicaron a Sur Sudán: además de ser el país más joven del mundo (se acaba de independizar de Sudán) y de estar sumido en una guerra civil, la inflación también impide que la población (especialmente la más pobre) tenga acceso a bienes básicos. Los encargados de los gobiernos gringos que no pueden soportar un estado africano independiente se tomaron muy en serio lo de meter dentro del país el dólar para montar una economía paralela e ir desplazando poco a poco la moneda local y armar rolitranco en peo interno, para luego decir que es que hay inestabilidad en ese país y que necesitan ayuda externa para solucionar sus problemas. ¿No les suena un poquitico familiar? A mi sí.

Az vivía en Kabul antes de venir a estudiar a China. Nos contó como desde que llegamos acá dos de sus tíos y dos de sus amigas murieron en explosiones, y que ella junto a sus dos hermanos mayores se salvaron en 2017 de una explosión que mató a todo a quien tenían alrededor. La carne calcinada de la gente que conocía le salpicó encima; todavía no sabe cómo es que sigue viva. Nos contó también que la base del terrorismo en su país es religiosa y racista: los talibanes atacan a personas de su grupo étnico porque creen que se parecen a los asiáticos y no a los persas, es decir, como si ella no fuese realmente del Medio Oriente. Además, hay “elecciones” presidenciales este agosto; el candidato que más las tiene de ganar es el que está siendo promovido por los gringos, quienes han hecho sendas negociaciones (que provocan más odio y más acciones terroristas) con los talibanes. Dice que ella sabe que Trump no manda, que es sólo una representación del “sistema” que nos tiene a todos los pueblos que no quieren hacer alianzas con ellos “castigados”.

Las muchachas me preguntaron sobre si la gente en Venezuela quería al presidente, si era verdad que la gente apoyaba al gobierno a pesar de todo lo que pasaba porque ellas entendían que con la comida y las medicinas cortas y caras, y que con bloqueos que también han tenido algunos de sus países, la gente no apoyara nada y sólo quisiera vivir en paz. Ese día la señal estaba hecha mierda, pero con paciencia esperé a que se cargaran las fotos y videos de la marcha del 23 de Febrero (día en que iba a entrar la “ayuda humanitaria”) en Caracas en apoyo a Nicolás y defensa de las fronteras. Les eché cuentos de todas las marchas a las que fui(mos) el año pasado, y ninguna como esta. Les conté que me dijeron que había tanta gente que caminaban hombro con hombro, apretaíto todo el mundo. Les conté de la cantidad de elecciones que hemos tenido en 19 años. Les conté de las grandes misiones y de las leyes orgánicas. Les conté.

K me preguntó sobre la crisis de refugiados. Yo estuve a punto de saltarle pero luego entendí que por supuesto que para ella tiene sentido que sea crisis de “refugiados”: los éxodos de africanos y africanas a raíz de las tantas guerras que han atravesado forman la mayor crisis de este tipo en la historia contemporánea. Es un continente asediado, atacado, violentado, violado y preñado de miseria y violencia, y aun así esos coños han sabido cómo resistir. Le expliqué que había una diferencia entre “crisis de refugiados” y “crisis migratoria” y lo relacioné con la lucha de clases, las matrices de información y aquello que hace un tiempo hablaba sobre los privilegios.

Luego E me pregunta lo más importante, lo clave: “What do you have in Venezuela?” Al primer momento no entendí la pregunta, y luego agarré la vaina y le respondí “petróleo”. Ella asomó una semi sonrisa, movió la cabeza en negación y dijo “that is all your misery. They will go and take it out with their own hands if you let them”. Está clara esta señora. Está bien clara.

Hubo varios momentos donde sólo hicimos silencio. Luego A dijo “it’s just discrimination, you know? Discrimination and fascism” y Ro salió con “USA doesn’t like it when an african country goes so (mientras hacía una mímica donde ponía una mano por encima de la otra). If we work enough to go on top they go and put us back down for a long time”. Sí, a Estados Unidos no le gusta que ninguno de sus esclavos negritos se le rebele; los hace pagar caro por eso. Tampoco le gusta cuando los indiecitos que vivimos en su patio trasero nos le rebotamos en la cara. La cosa que es que que ahora es un viejo con cáncer de piel, destentado, jorobado y con todas las mañas que un viejo facho, racista, clasista, misógino, multifóbico y con complejo de dios pudiera tener, mientras sabe que se va quedando sin fuerza y sin real más temprano que tarde. ‘Ta desesperao y quiere poner a sus sirvientitos a trabajar a cualquier costo.
Después de todo igual nos reímos, nos jartamos la torta de cumpleaños de Ri, nos tomamos casi todo el té de E y cerca de la una calabaza porque había clase de mandarín en la mañana y qué fallo el trasnocho. Igual nos reímos. Igual nos queremos. Igual tejemos lazos de cariño que se basan en el respeto, la admiración y sobre todo, el reconocimiento.

Tenemos en común un conjunto de miserias, pero tenemos en común algo más grande que eso: esperanza, resistencia y amor del bueno papá.