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La era de los huérfanos digitales

María es una buena amiga que recientemente cambió de trabajo. Es periodista y ocupaba un alto cargo en un canal de noticias. Como es de suponer, su dinámica diaria le obligaba a estar pendiente de mucha información durante el día entero. Si no estaba en la sede del canal, estaba pegada al computador o al teléfono recibiendo y enviando correos y mensajes. Si tenía tiempo para paseos familiares, su hijo Alex, de 5 años se aburría terriblemente mirando a su madre instalada en su smartphone mientras no le prestaba atención alguna.

Una noche en la que María llegó tarde a casa, Alex la esperó despierto. Sólo quería hablar un poco con ella y la había esperado para eso. A María la conmovió tanto el gesto, que apartó su teléfono para abrazar al niño, pero en ese instante sonó el aparato y la periodista volvió tomarlo para leer un nuevo mensaje. Alex la miraba mientras una lágrima surcaba su mejilla, María lo vio de reojo, hizo una pausa y también rompió a llorar sin razón aparente. “Mami, ya basta”, dijo el pequeño.

Y así fue. María aceptó una oferta de menor remuneración y responsabilidad a cambio de evitar que su hijo sea un “huérfano digital”. La orfandad es la ausencia de padres, y si hablamos de huérfanos digitales, son esos niños cuyos padres son absorbidos de tal manera por la tecnología, que no dedican tiempo a las relaciones personales con sus hijos.

Los padres que tienen niños pequeños en este siglo XXI, han crecido con los avances tecnológicos más vertiginosos de la historia de la humanidad. Su contacto con las nuevas tecnologías viene desde su nacimiento y hoy por hoy trabajan, estudian o se entretienen con herramientas tecnológicas. Ese avance ha significado un retroceso en las relaciones personales, especialmente en su rol de padres, pues el excesivo tiempo que le dedican a la PC, el teléfono celular o el video juego, les distancia de sus propios hijos y de las atenciones que ellos requieren.

Pueden estar físicamente en el mismo espacio, pero separados por una barrera muy poderosa que evita que exista un intercambio eficiente en la comunicación entre padres e hijos. Normalmente los huérfanos digitales son niños que tienen muchas de sus necesidades materiales cubiertas: educación, salud, recreación y alimentación, pero sus relaciones afectivas, especialmente con sus padres, son un desastre.

Cuando un niño es expuesto a esa sensación de abandono, crece su desconfianza en sí mismo y se reduce su autoestima, baja su motivación y su rendimiento escolar. También su comportamiento puede tornarse violento y rebelde para tratar de llamar la atención que no puede obtener. Por otra parte y no menos grave, la falta de atención sobre estos niños les lleva a buscar amistades en las redes sociales como vía de escape, con impredecibles consecuencias que uno quisiera bloquear de la mente.

Administra el tiempo con ellos

La cosa no está tan fácil como para dejar un empleo por otro menos exigente, tal como lo hizo mi amiga María, pero es justo con nuestros hijos que aprendamos a dedicarle tiempo y espacio en medio de nuestras ocupaciones.

Si utilizas teléfonos inteligentes, PC, video juegos o alguna herramienta tecnológica que requiera de tu atención, establece horarios y tiempo de uso. Genera tiempos de conversación con tus hijos, puedes iniciar contándole cosas de tu trabajo, familia o sencillamente cómo te sientes, para dar pie a que ellos te cuenten sus cosas también.

Juega con ellos, es impresionante el intercambio y crecimiento cognoscitivo que tienen los chamos cuando juegan con sus padres. Aprovecha la ocasión para acercarte a ellos y verificar qué redes sociales utilizan, cuáles son sus gustos y hablar con ellos de los riesgos de contactar a “ciertas personas” por internet.

Recuerda que tus hijos son lo que más amas en el mundo. Nada, pero nada, puede estar por encima de ellos.