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El primer diente mudado

La pérdida de los dientes de leche es una de las primeras pruebas concretas y físicas de que nuestros hijos están creciendo y de que nosotros, como padres, nos estamos haciendo más viejos. Miguel ya perdió el primero de sus dienticos, se le venía aflojando y aunque su madre intentó sacarlo con todos los cuidados del caso, él se negó y prefirió que se cayera solo.

Un par de días antes de la caída del diente, mi esposa me llamó para que llegara pronto a casa y presenciar el acontecimiento de la sacada del incisivo. No sé si esto ocurre en todas las familias, pero me pareció un gesto sumamente hermoso eso de estar unidos en familia presenciando en vivo el acontecimiento de su crecimiento. Luego de ese intento fallido, y 48 horas más tarde, Miguel se despertó para ir al colegio dejando caer en su mano la primera de sus piezas dentales en ser mudadas.

Para nosotros fue un momento lleno de ternura y celebración. El chamo se siente gigante, cree tener más edad que los cinco añitos que le acompañan. Yo lo veo de reojo y sonrío, porque mientras pone cara de tipo frente al espejo, no dejo de recordar aquella mañana en la que por primera vez lo tuve entre mis brazos con sus 3,300 kg y sus 52 centímetros de largo. Ese diente, más allá de un proceso natural, tiene un significado sentimental para nuestra familia y forma parte del historial de pequeños detalles que van edificando nuestro vínculo afectivo. De momento dejaremos en manos del Ratón Pérez la pesada carga que significa hoy en día buscar algo de efectivo para efectuar el canje.

La mudanza paso a paso

Es bueno que apenas comienzan a aflojarse los primeros dientes uno como padre atento comience a buscar información oportuna para saber qué hacer y cómo acompañar el proceso. Para ello es preciso identificar los primeros dientes que le salieron cuando era un bebé, pues éstos serán los primeros en caer.

Aunque Miguel mudó su primer diente a los 5 años, la edad estimada para el proceso de mudanza de los incisivos superiores e inferiores, es entre los 6 y 8 años. Durante este período también aparecen los molares posteriores, que se ubican al final de los molares de leche y que serán definitivos.

La segunda etapa de mudanza llega entre los 10 y 12 años. En ella se mudan los el resto de los dientes de leche incluyendo los caninos y los molares, dando paso a los dientes permanentes. Ya en la adolescencia llegan las llamadas “muelas del juicio”, con lo cual se completa el “juego de comedor” de los muchachos.

Conocer estas etapas es de mucha utilidad para focalizar las visitas al odontólogo del niño, a fin de alertar sobre cualquier anomalía que se presente en cada una de las fases. Es preciso insistir en el correcto cepillado de los dientes, vigilar que los chamos generen el hábito de su higiene y cuidados y que evitar utilizar la dentadura como herramienta para abrir frascos, morder lápices o cualquiera de las ocurrencias que sólo un niño puede tener.

En la medida en que nosotros como padres estemos más compenetrados con nuestros hijos, su proceso será menos traumático, menos doloroso y de mucho provecho para la unión familiar.